Nemesio Moscoso Mamani
Agricultor / Jatin Luriri / Lichiguayo
Pozo Almonte, Tarapacá

Don Nemesio Moscoso nació en 1944 en el poblado de Chijo (lugar de abrigo o sombrío en lengua aymara), ubicado a sólo 7 kilómetros de la localidad de Cariquima, comuna de Colchane, región de Tarapacá. Es agricultor, historiador, cultor de sus tradiciones y maestro luriri, además de ser un destacado músico desikura, bandola, lichiwayu y pinquillo.

Debido a las condiciones climáticas de Chijo y la existencia de terrenos pedregosos de difícil regadío por sistema de canal, la comunidad ha desarrollado un sistema de regadío al que denominan “regadío por tendido”, logrando utilizar la mayor cantidad de tierras cultivables del pueblo. Es así como logran cultivar una gran cantidad de papas, habas, trigo, quinua y flores como los gladiolos. Según cuenta Don Nemesio, los meses de junio y julio preparan la tierra, y en el mes de septiembre y parte de octubre se encargan de regar, utilizando cuatro “contra acequias” a las que denominan irphas, facilitando de esta manera el regadío. Posterior a este proceso, se ocupa una herramienta llamada taquiza, que se compone de un palo con punta de fierro forjado amarrada con un lazo de cuero de llamo, lo que facilita la siembra en terrenos pedregosos. El cuidado del sembradío es importante, ya que vivirán bajo la amenaza de unas pequeñas aves “semilleras” que emigran desde la precordillera al altiplano, llamadas ichirri, jachi y luche. Éste último entra por bandadas antes del amanecer. Don Nemesio también cuenta que construye espantapájaros para ahuyentar además a las liebres y vizcachas que bajan de los cerros en búsqueda de los brotes.

Don Nemesio Moscoso, también es un reconocido maestro luriri. Luriri es un instrumento de 12 y 16 cuerdas, tradicional del altiplano tarapaqueño, conocido también como bandola aymara. Su sonido acompaña las celebraciones y eventos importantes del lugar, tales como carnavales, floreos y trillas de quinua. Se dedica hace más de 50 años a la confección de este instrumento y es el único en su región, contribuyendo de esta manera en la conservación de diferentes prácticas culturales y tradiciones de su pueblo.

La historia entre don Nemesio y estos instrumentos tiene más de medio siglo, y se origina a partir de un hecho fortuito, pues cerca de la fecha de los carnavales se rompieron dos bandolas en el pueblo de Chijo y era imposible asistir sin los instrumentos. Frente a esa situación, la única opción era trasladarse al pueblo de Mamiña, pues ahí había un maestro luriri que podría fabricar nuevos instrumentos. Sin embargo, en Huara se topó con otro maestro, pero, dada la proximidad con las fechas, este no alcanzaba a confeccionarlas, por lo que don Nemesio se quedó para ayudarlo, aprendiendo así este antiguo oficio.

Desde que aprendió el oficio, don Nemesio ha construido bandolas permanentemente, incorporando variaciones y nuevos conocimientos de la técnica a lo largo del tiempo, sin perder su sello personal, ya que cada bandola es distinta. Anualmente construye entre 20 y 25 bandolas, y durante los meses de junio a enero la demanda aumenta porque estos instrumentos se encargan para la temporada de carnavales (febrero) y floreos de llamos (enero-febrero).

La construcción de estos instrumentos se encuentra fuertemente enraizada en el pueblo aymara, dado que se utilizan en importantes ceremonias, manteniendo vigente la cosmovisión andina, además de reforzar una serie de tradiciones culturales. Un aspecto a destacar de este maestro luriri, se relaciona con el hecho de que tiene conciencia de que su oficio se debiera mantener en el tiempo, dada la importancia que tiene para las comunidades aymaras.

Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2014


Se entrega esta distinción por ser un maestro luriri aymara, que gracias a su dedicación en la fabricación de bandolas, enriquece el patrimonio musical aymara tarapaqueño.

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