Aprendió el bordado patagónico gracias a su madre cuando tenía aproximadamente 7 años. En ese entonces comenzó con técnicas básicas, como el punto cadena, sin realizar rellenos. Señala que, a medida que se adquiere mayor experiencia, se aprende a rellenar utilizando los mismos puntos tradicionales, como la cadena y el festón, característicos del bordado en la Patagonia.
Ha enseñado a numerosas mujeres en Cochrane, a través de talleres realizados en PRODEMU. Asimismo, participó durante algunos años en actividades denominadas “Sábados por la Cultura”, abiertas al público. También ha impartido clases a estudiantes universitarios provenientes de Estados Unidos, específicamente de Grand River, quienes han aprendido técnicas de bordado bajo su guía.
En el ámbito familiar, enseñó a su hija desde muy pequeña, cuando tenía alrededor de 4 años, comenzando con ejercicios simples como pasar la aguja de un lado a otro. Con el tiempo, su hija aprendió las mismas técnicas y actualmente considera que incluso borda mejor que ella. La reconoce con orgullo como su heredera en este oficio y proyecta que también será valorada como portadora de esta tradición cultural.
Respecto a las características de sus bordados, su principal fuente de inspiración proviene de las flores de su jardín. Entre ellas menciona pensamientos, rosas, nomeolvides y girasoles, de los cuales extrae los colores y formas para sus diseños. Utiliza exclusivamente los puntos tradicionales, sin incorporar otras técnicas, manteniendo así la identidad del bordado patagónico.