Aprendió a bordar gracias a su madre, quien le enseñó cuando tenía alrededor de ocho años, siendo la hermana mayor y posteriormente sus otras hermanas también se incorporaron al aprendizaje del bordado.
Las hermanas residían en el sector rural de Lago Vargas, donde comenzaron a practicar este oficio, destacando su entusiasmo desde pequeña al observar cómo bordaba su madre. Con el tiempo, desarrolló mayor destreza, consolidando su vínculo con esta práctica.
Sus flores favoritas son los pensamientos, los cuales observa en su jardín para inspirarse. Describe cómo contempla sus colores cuando están en flor y luego los lleva a la memoria para reproducirlos en el paño a través del bordado.
Evoca con especial significado los momentos compartidos con su madre, bordando al aire libre, sentadas al sol. Destaca que en esos años no existían registros fotográficos, por lo que la memoria y la experiencia vivida adquieren un valor fundamental.
Expresa su gratitud por haber aprendido este oficio, el cual considera hermoso y representativo.
En cuanto a la transmisión del conocimiento, indica que actualmente está enseñando a su hija a bordar, enfocándose en el proceso de creación de las flores: desde su origen en el jardín hasta su representación en el paño. Manifiesta su motivación por continuar enseñando y sumar a más personas, considerando que lo más importante es que esta práctica siga creciendo y transmitiéndose.