Nació en la ciudad de Chañaral, en la Región de Atacama, y creció en el seno de una familia tradicional, donde aprendió valores como el respeto, el trabajo y la perseverancia. Durante su adolescencia se trasladó a Villa Alemana, comuna en la que vive en 2026 y que se ha transformado en su hogar.
En el año 2012 pasó a formar parte de la familia Castillo, ya que su esposa es hija de don Alejandro Castillo, reconocido organillero de tradición. Fue dentro de esta familia donde conoció de cerca el oficio de organilleros y chinchineros, observando cómo transmitían con dedicación y generosidad este saber popular a distintas personas, manteniendo viva una tradición cultural profundamente arraigada en nuestro país.
Su primer acercamiento al oficio fue trabajando como juguetero junto a Alexis Castillo. Con el tiempo, al acompañarlo en las calles y plazas, fue descubriendo la nobleza y belleza de este trabajo. Ver cómo la música del organillo despertaba sonrisas, cómo los adultos mayores recordaban su infancia y compartían sus vivencias, y cómo niños y jóvenes se alegraban al escuchar las melodías, fue algo que marcó profundamente su vida y despertó en él un fuerte interés por continuar esta tradición.
Posteriormente, Alexis Castillo le enseñó el oficio de organillero, permitiéndole comenzar a tocar el organillo algunos días a la semana, utilizando el organillo de su suegro durante sus días libres. Esto lo combinó durante varios años con su trabajo formal en una empresa de telecomunicaciones, donde se desempeñó por un largo período.
En el año 2020, tomó una de las decisiones más importantes de su vida: dejó su trabajo formal para dedicarse tiempo completo al oficio de organillero. Desde entonces, trabaja con un organillo tradicional de cilindro, recorriendo distintas comunas de la Región de Valparaíso, visitando plazas, poblaciones y villas, además de colaborar con municipios y representantes comunales.
Desempeña este oficio de manera tradicional, acompañado del lorito y la venta de juguetes típicos, manteniendo viva una expresión cultural que forma parte del patrimonio popular chileno. En 2026, el oficio de organillero es su principal fuente de ingreso familiar y, al mismo tiempo, una forma de vida que lo llena de orgullo, identidad y sentido.