Alexis Alberto Castillo Vergara
Villa Alemana, Valparaíso

Mi vínculo con el organillo se origina en una profunda tradición familiar que se remonta a más de un siglo. Este oficio comenzó con mi abuelo Pedro Castillo, fue continuado por mi padre Alejandro Castillo y posteriormente asumido por mí, convirtiéndome así en la tercera generación de organilleros en mi familia. Desde los inicios de mi abuelo, nuestra familia ha mantenido viva esta tradición por más de 100 años, transmitiendo el conocimiento, la técnica y el valor cultural del organillo de generación en generación.

Acompañé a mi padre desde muy temprana edad en su labor. Desde los 8 años participé activamente en el trabajo con Él, inicialmente vendiendo juguetes tradicionales como remolinos, chicharras, hasta que entre los 14 y 15 años comencé formalmente a tocar el organillo. Actualmente cuento con más de 15 años de trayectoria en este oficio, el cual me fue enseñado directamente por mi padre, quien me transmitió no solo el funcionamiento del instrumento, sino también el respeto y compromiso que implica mantener viva esta expresión cultural.

Tras un infarto que afectó gravemente la salud de mi padre, asumí la responsabilidad de salir a trabajar de manera constante para sostener a mi familia, ya que él no pudo continuar ejerciendo. En esos años, el organillo se transportaba al hombro, lo que implicaba un gran esfuerzo físico y un fuerte compromiso con el oficio.

El organillo es una máquina única y profundamente simbólica. Para mí, es un instrumento mágico, capaz de despertar recuerdos y emociones, especialmente en personas mayores, quienes al escucharlo regresan a su infancia y a épocas pasadas. Su funcionamiento se basa en un fuelle que acumula aire, permitiendo que suenen los bajos y los “pitos”, como llamamos a los registros agudos, mientras que el cilindro interior contiene las melodías que dan vida a la música.

Este oficio es mi principal sustento y forma de vida. Me dedico exclusivamente al organillo, trabajando generalmente cuatro días a la semana en distintos espacios como el centro de la ciudad, plazas y poblaciones. En períodos más complejos, aumento los días de trabajo. Mi recorrido abarca diversas comunas de la Región de Valparaíso, como Villa Alemana, Quillota, La Calera y otros sectores de la Quinta Región. Anteriormente trabajé en Valparaíso, pero con el cambio en el sistema de traslado actualmente utilizando coche, se ha vuelto más complejo desempeñarme en ciertos lugares.

Desde hace aproximadamente cinco años cuento con movilización propia para trasladarme, ya que anteriormente dependía del transporte público, viajes a dedo y del esfuerzo de cargar el organillo. Hoy, debido al volumen y peso del instrumento, el traslado resulta más exigente. Generalmente trabajo solo, aunque en ocasiones me acompaña el chinchinero. 

El organillo representa todo para mí. Es un oficio que llevo en la sangre y que constituye un profundo orgullo personal. Siento que nací para ser organillero. He transmitido este conocimiento a varios amigos y familiares. Además, la tradición familiar continúa viva en la cuarta generación, ya que mi hija, María Paz Castillo, con tan solo 10 años, ya toca el organillo y sueña con seguir este oficio, dando continuidad a una herencia cultural que ha acompañado a nuestra familia por más de un siglo.


  

  • Identificador SIGPA: CI7058
  • Fecha de registro: 18-05-2023
  • Tipo: Cultor individual
  • Género: Masculino
  • Comuna: Villa Alemana
  • Region: Valparaíso
Ubicacion
Fotografías