La alfarera Marcela Muñoz Esparza comenzó a practicar el oficio desde los 12 años, aprendiendo de su madre, la alfarera María Esparza Rodríguez. Domina todos los pasos de la alfarería, pero no practica el molido. Sus principales piezas utilitarias son mates y pebreros, pero también elabora piezas ornamentales como los chanchitos en miniaturas.
Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2019
Se otorga esta distinción al grupo de alfareras y alfareros que, mediante trabajo manual, crean una de las artesanías más emblemáticas del país, propia de su localidad. Han preservado a lo largo del tiempo las técnicas, colores y formas tradicionales, sin recurrir a nuevas tecnologías. Este reconocimiento destaca especialmente a las mujeres que han dedicado, o dedican, su vida a la alfarería en quinchamalí y santa cruz de cuca. Entre ellas, se encuentran jóvenes artesanas y también alfareras de mayor edad, algunas de las cuales se han retirado de este oficio por decisión personal o razones de salud..