Su formación comenzó en el seno familiar, especialmente gracias a su padre, quien, aunque abogado de profesión, siempre estuvo vinculado a las artes y le inculcó el amor por la palabra oral y actuada. Más adelante, en la universidad, mientras estudiaba literatura, participó en los años 90 en un movimiento de narración oral, lo que con el tiempo la llevó al teatro tradicional de títeres. Aprendió bien este oficio en el año 2002, a la edad de 32 años, de un maestro titiritero chileno, Mariano Gallardo y, posteriormente, de otro argentino, Alfredo Muzaber, también ya fallecido. Viajó en el año 2003 por Sudamérica, transmitiendo este conocimiento por pueblos pequeños, donde el arte rara vez llega. Por más de 13 años, en los diversos territorios en los que ha vivido y visitado, ver a niñas y niños descubrir los títeres por primera vez ha sido muy profundo y una lección. Para ella, este saber es vida que se recrea: el arte es oxígeno para el alma, y quien no se expresa ni aprende a hacerlo, muere en vida.
Asume un rol integral en sus obras: como creadora, diseña y confecciona títeres y escenografías, incorporando técnicas mixtas y criterios de materialidad; como directora, conduce el proceso creativo y la puesta en escena; como dramaturga, elabora y adapta el texto; como titiritera, manipula los personajes; y gestiona la producción completa para asegurar coherencia artística y técnica. Además, puede abrir espacios y ofrecer su trabajo.