Títeres Olmos, compañía e institución independiente, fue fundada en marzo de 1972 y continúa desarrollando su oficio hasta la actualidad. En el marco de sus 50 años, celebró un Festival de Títeres en su comuna, con el apoyo de la Ilustre Municipalidad de Rancagua. Es miembro de Títeres Chile A.G., Títeres Latinoamericanos y Salas Hermanas en el mundo, red que reúne a titiriteros de Colombia, Perú, Argentina, Paraguay, Venezuela, México, entre otros países.
La compañía ha desarrollado importantes trabajos tanto en televisión como en teatro, destacando al popular y recordado personaje Perrito Lenteja, del programa de televisión Patio Plum, de Chilevisión, entre 1982 y 1989. Asimismo, Juan Carlos Olmos Castro fue creador y director del programa infantil ZooloTV, de Megavisión, además de participar en diversos programas estelares de la televisión chilena. En 1995, fue la única compañía de títeres que participó en el Festival de Viña del Mar, junto al humorista Juan Carlos “Palta” Meléndez.
Juan Carlos Olmos Castro es de formación autodidacta, lo que ha favorecido la creación de obras del arte titiritero dirigidas a niños, niñas y familias, así como a empresas, colegios, centros culturales y de recreación y escuelas. También produce y gestiona festivales de títeres nacionales e internacionales, desarrolla talleres de expresión artística para niños, jóvenes y docentes, y representa al país en festivales nacionales e internacionales.
Considera que los títeres son un lenguaje metafórico que permite la comunicación directa, cualquiera sea la situación sociocultural de las personas. Para él, es de vital importancia que los niños y niñas participen y conozcan distintos medios de comunicación, ya que esto les permitirá establecer un mejor contacto con quienes los rodean. Los títeres tienen la virtud de ganarse la confianza de los niños y niñas y, además, estimularlos para que se expresen y exterioricen sus inquietudes.
Su principal objetivo es acercar el arte y la cultura, específicamente a los niños y niñas, con el fin de entregarles un espacio alternativo de experimentación, alegría y gozo, que les permita recuperar su capacidad de asombro. Esto, a su juicio, habla de la inmensidad de posibilidades del teatro de títeres y de la nobleza de estos “amiguitos” de trapo y cartón. Es el mundo puro del niño, libre de especulaciones; el títere es un amigo leal, ese abrazo que se define entre la alegría de vivir y la tristeza de ser.
Para él, los niños, las niñas y la familia deben ser el mayor empeño y la principal fuente de inspiración, cuidándolos y mostrándoles el camino del amor, la justicia y la paz, caminando de sus manos hacia un futuro que espera sea más justo y digno para todos ellos.
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