Don José aprendió a cantar de su padre, José Jesús Polanco Carreño, en la Hacienda Tanume, cuando tenía aproximadamente ocho años de edad. En su casa se celebraba San Antonio con canto a lo divino, tradición profundamente arraigada en su familia.
Su hermano Manuel también fue cantor a lo divino. Siguiendo la costumbre heredada, don José enciende velas a la Virgen del Carmen como acto de fe. Actualmente, debido a problemas de salud, ya no puede cantar, pero acompaña con su guitarra, traspuesta en sol, tercera alta.
Se considera cantor a lo divino, pues recibió y aprendió de memoria los versos, guardándolos como un tesoro espiritual. A lo largo de su vida, participó en velorios de angelitos, cumpliendo con devoción ese canto de despedida.
Don José expresa un deseo profundo:
“Ojalá el canto a lo divino se pueda difundir en los colegios, que se dé una hora dedicada al canto a lo divino. Sería esencial para que esta tradición no se termine. ¡Que no se termine el canto!”
Documentado por el cantor Javier Peña en 2025