Blanca Zambrano es una de las pocas bordadoras activas de la primera generación, iniciada en 1974 bajo la enseñanza directa de la artista Rosemarie Prim. Comenzó en el oficio a los 25 años y hoy acumula 51 años de trayectoria, siendo un pilar histórico del grupo.

Durante décadas caminó más de 3 kilómetros para asistir a las reuniones cuando no contaba con transporte, demostrando un compromiso profundo con la agrupación. Transmitió el oficio a su hija, Auda Zambrano, y ha enseñado también a numerosas bordadoras más jóvenes.

Su inspiración proviene de su vida campesina: las trillas, las viñas familiares y las fiestas tradicionales. Como señala en el libro Copiulemu, Mujeres Bordadoras de Rosemarie Prim (2014): “Siempre lo que me ha gustado bordar son las trillas y las viñas… La Cruz de Mayo todavía la hago y se van pa’ Santiago y se venden, y por eso lo vuelvo a hacer”.

Blanca cumple un rol fundamental en la conservación de la memoria histórica del grupo. Es portadora directa del origen de la tradición y ha participado en hitos emblemáticos, como el Tapiz Papal de 1987, una obra colectiva de 20 m² actualmente resguardada en la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria.

Su trayectoria encarna el espíritu del colectivo y otorga continuidad entre las generaciones. Con su conocimiento, ejemplo y dedicación, ha fortalecido la identidad local y ha inspirado a hijas, nietas y nuevas bordadoras a mantener viva la tradición.


Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2024

Se otorga esta distinción al grupo de bordadoras de Copiulemu quienes han desarrollado un lenguaje estético que expresa paisaje, identidad y memoria comunitaria. La calidad artística de sus obras y el reconocimiento otorgado por su comunidad posicionan esta práctica como un referente regional. Si bien sus trayectorias son diversas, su trabajo conjunto configura un imaginario colectivo coherente y valorado, cuya transmisión comunitaria ha fortalecido la proyección de la técnica en nuevas generaciones.
 

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