Antiguos músicos de bronces del Baile Morenos de Paso
Arica, Arica y Parinacota

La comunidad de Antiguos músicos de bronces del Baile Morenos de Paso, proveniente de la Región de Arica y Parinacota, fue reconocida como Tesoro Humano Vivo el año 2019 por su valiosa contribución a la salvaguardia de las tradiciones musicales asociadas a las festividades religiosas del norte de Chile, especialmente aquellas vinculadas a las sociedades de bailes devocionales y a la profunda religiosidad popular andina. Su trayectoria representa la continuidad de una práctica cultural que ha acompañado por décadas las celebraciones patronales, procesiones y fiestas rituales, constituyendo un elemento esencial del patrimonio cultural inmaterial del territorio.

Estos músicos forman parte de una tradición que se consolidó durante el siglo XX, cuando las bandas de bronce comenzaron a integrarse de manera progresiva a las ceremonias religiosas del norte grande, reemplazando o complementando antiguos instrumentos de raíz andina. La incorporación de trompetas, tubas, saxos y otros instrumentos de metal se produjo en un contexto dé transformaciones sociales y culturales, donde confluyeron influencias provenientes de las bandas militares, de la tradición musical popular y de las prácticas rituales propias de los pueblos andinos.

El aprendizaje musical se transmitió principalmente de manera oral y práctica, muchas veces en el contexto de las propias festividades, ensayos y viajes a santuarios como Las Peñas o La Tirana. Varios de los músicos se formaron con maestros locales o dentro de agrupaciones ya existentes, desarrollando sus habilidades a través de la experiencia directa y del compromiso con la vida religiosa y comunitaria. Esta forma de enseñanza permitió que la tradición se mantuviera viva, adaptándose a los cambios generacionales sin perder su sentido devocional y colectivo.

La música de las bandas de bronce está profundamente ligada al Baile Morenos de Paso y a otras cofradías religiosas, donde el sonido de los instrumentos no solo cumple una función musical, sino también espiritual y ceremonial. Tocar en estas agrupaciones implica asumir un compromiso con la comunidad y con la fe, ya que la música acompaña promesas, peregrinaciones y rituales que forman parte de la identidad cultural del norte chileno. En este contexto, los músicos cumplen un rol fundamental en la organización de las bandas, la creación de repertorios y la formación de nuevas generaciones, manteniendo viva una tradición que se transmite de maestro a discípulo.

El reconocimiento otorgado el año 2019 distingue a once músicos que representan distintas generaciones y trayectorias dentro de está práctica, entre ellos Juan Carlos Henríquez Díaz, Alejandro Gutiérrez Baluarte, Reinaldo Santibáñez Escalera, Pedro Bravo Choque, Juan José Tarifa Salles, Ismael Dickinson Ojeda y Julio César Clavijo Bastías, entre otros. Sus vidas reflejan el estrecho vínculo entre música, territorio y religiosidad, así como la capacidad de las comunidades para preservar sus tradiciones frente a los cambios sociales.

La historia de estos antiguos músicos da cuenta de un patrimonio vivo que se expresa en cada fiesta, en cada procesión y en cada interpretación, donde el sonido de los bronces se convierte en memoria, identidad y devoción. Su legado continúa vigente gracias a la transmisión intergeneracional y al compromiso comunitario, constituyendo una de las expresiones más significativas de la cultura tradicional del norte de Chile.

   

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