Miriam Inés Gómez Marimán
Cochrane, Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo

La señora Miriam Gómez Mariman, nació el 13 de febrero de 1968 en Puerto Guadal y se terminó de criar en Cochrane, está casada y tiene dos hijas, de 25 años y 12 años, además de una pequeña nieta. Como muchos otros pobladores de la región, sus abuelos llegaron desde la ciudad de Osorno y por parte de su madre desde Chiloé. Es la mayor de 7 hermanos. A la edad de trece años, dejó de estudiar y se dedicó a trabajar. "Cuando yo salí de octavo básico, me salí porque de siete hermanos, soy la mayor y de ahí yo me dediqué a trabajar no más, pero siempre me gustaba tejer, yo siempre hacía tejidos y mi abuela me enseñó." (M. G.).

Cuando era más joven, trabajaba de empleada doméstica y al nacer su hija menor, que ahora tiene doce años, debió dejar de trabajar, ya que desde los ocho meses de edad tuvo que comenzar un tratamiento médico en la Teletón, por lo que debió viajar a Coyhaique y Puerto Montt en reiteradas ocasiones, y con su ritmo de vida, le fue prácticamente imposible encontrar trabajo, ya que no podía cumplir con horarios. Esto la llevó a tejer medias, boinas, entre otras prendas de lana que podía vender.

Después de un tiempo como tejedora, la señora Tita (Rosa Gómez, profesora e historiadora de Cochrane), la incentivó a que se uniera al grupo de artesanas, ‘Flores del Calafate’, del cual ella era parte. Desde entonces, se dedica de lleno a la artesanía. Gracias a la gestión del grupo de artesanas, va a tener un puesto en la nueva Feria Hortícola y Artesanal de Cochrane, donde podrá vender sus productos, como las réplicas en miniatura de chiguas y otros aperos de cuero que se usaban antiguamente en el campo y sus trabajos elaborados con lana.

Contexto:


Según Galindo (2004), el comportamiento folclórico de los sogueros (arte en cuero) y tejedoras de la región de Aysén, es particular en sus técnicas tradicionales, aprendidas de manera pragmática, transmitida de padre a hijo en el caso de los sogueros en cuero y de madre a hija en el caso de los trabajos en lana. Este arte folclórico se realiza principalmente con una finalidad utilitaria, funcional, para el uso personal o familiar y como plantea el autor, no tiene pretensiones artísticas, pero en el caso de los artesanos en cuero y lana sí tiene pretensiones comerciales. "(…) Los campesinos de Aysén continental (…) desarrollan la confección de aperos para la cabalgadura y para dominar al ganado, y sus mujeres, tejen en el telar los ponchos, frazadas y peleras, que forman parte también de sus aperos e indumentaria (…)" (Galindo, 2004, p.70)

Según Naranjo y Mekis (2011) las mujeres dedicadas al oficio del telar hacen especial hincapié en la dificultad de adaptarse al clima y naturaleza de la zona. Donde el aislamiento y escasez de todo tipo de cosas generaba, y podríamos decir que genera la exigencia del ingenio, el hacer mucho con poco, con lo que se tenga a mano, para la satisfacción de las necesidades básicas. “(…) Esta situación dará inicio a una incipiente industria artesanal de confecciones y permitirá la aparición de manifestaciones artesanales de gran calidad (…) de este modo, la textilería se desarrolló de manera extendida en los diferentes asentamientos rurales y semiurbanos de la región (…)” (Osorio, 2006 en Naranjo y Mekis, 2011)

Según las autoras mencionadas, la tradición textil hace evidente la herencia cultural, como los nombres de ciertas partes y herramientas que componen el telar que provienen del mapudungún, y aunque en los tejidos de Patagonia no se encuentran los mismos símbolos, sí existe relación en la funcionalidad de los tejidos. "(…) la pelera o chañu, la kutama o maleta, el pontro o frazada, la matra, la manta y la trarûchiripa o faja. Desde la cotidianeidad araucana traspasaron generaciones y viajaron kilómetros y kilómetros para instalarse hace ya varias décadas en las casas australes, fundiéndose definitivamente en la tradición campera de la Patagonia (…) (Naranjo y Mekis, 2011, p.30).

El trabajo textil desarrollado en la región de Aysen desde sus inicios fue transformándose y adquiriendo características de acuerdo al hábitat y las formas de vida de las comunidades de Patagonia. Dejando de utilizar los símbolos de la cosmovisión mapuche. Desarrollando un tejido sobrio, dotado de combinaciones de colores extraídos de la naturaleza y hechos rápidamente para la necesidad de abrigo. "(…) Este nuevo núcleo artesanal austral generaría una textilería con características particulares tanto en la dimensión técnica (desarrollo y uso de herramientas, técnicas de hilado, urdido y tejido), como en la dimensión simbólica y funcional de las piezas textiles (denominación, carga simbólica y uso de los diversos tejidos) (…)”. (Osorio, 2007 en Naranjo y Mekis, 2011, p.30)

Las madres y abuelas son quienes transmiten el conocimiento a sus hijas y según Naranjo y Mekis (2011), el aprendizaje era visual, ya que las niñas observan como sus madres y abuelas hilan y tejen frente a ellas. Esto comienza entre los cinco y seis años, donde comienzan a hilar como si fuera un juego. Para luego pasar al nivel de tejer con palillos, croché y por último el telar. Lo que concluye con la confección de sus propias piezas, en un principio para ayudar a sus madres en las tareas domésticas o para la venta, luego cuando se emparejan y se van de sus hogares, emprenden su propio camino como artesanas. "(…) Forman su hogar y dentro de él un nuevo espacio para el trabajo textil, sus maridos les construyen muchas veces su primer telar y con la llegada de los hijos vuelve a empezar el ciclo formativo (…)". (Naranjo y Mekis, 2011, p.31)

Dentro del sistema en general de la confección de telares existen las mujeres que hilan y tejen o quienes llevan a cabo solo una de las prácticas, por lo que existirían las hilanderas y tejedoras, las primeras realizan la faena de escarmenado, lavado e hilado de la lana para posteriormente vendérselas a la tejedoras, cuestión no menor ya que este trabajo es de mucho esfuerzo y paciencia. Según la investigación de las autoras, las mujeres hilaban mucho más que en la actualidad, llegando a haber más hiladoras que tejedoras. "(…) Cuentan que durante el año había concursos de hilanderas, muy populares en su época. Si bien hay lugares del sur donde aún se siguen practicando, no consiguen el mismo nivel de participación y entusiasmo de antes. El concurso se realiza entre varias hilanderas, ganando la que antes termina de hilar un ovillo (…)". (Naranjo y Mekis, 2011, p.31)

La textilería en la Patagonia como indican las autoras, tiene sus propios tiempos, existiendo momentos del año idóneos para cada actividad que requiere el sistema en general. La organización es la siguiente: "(…) Entre Noviembre y Enero se realiza la esquila de las ovejas a manos de los hombres de la familia, quienes cortan el pelo que posteriormente se convertirá en lana. El lavado de la lana se deja para el verano, aunque si el tejido apremia se puede lavar en cualquier época del año. El hilado se hace durante todo el año pero el invierno resulta ideal; hay más tiempo para dedicarse a la lana ya que la nieve hace imposible el trabajo en el campo. Por último, está el tejido que, al igual que el hilado, aumenta su actividad en el invierno cuando el frío invita a quedarse en casa y la escasa luz natural extiende el tiempo libre (…)"(Naranjo y Mekis, 2011, p.35).

En un documento elaborado por SERCOTEC (1988), se menciona la textilería como el rubro artesanal predominante en la región a partir de la elaboración de medias, frazadas, mantas, suéteres y gorros. “(…) De este modo, la textilería se desarrolló de manera extendida en los diferentes asentamientos rurales y semiurbanos de la región y actualmente se constituye en la principal manifestación artesanal de Aysén, si se considera la gran cantidad de cultoras y la importante variedad de objetos confeccionados (…)” (Osorio, 2006, pp. 44-45). Se considerará como artesanos, aquel o aquella capaz de transformar la materia prima, elementos naturales de la tierra, utilizando principalmente sus manos, las cuales apoya con herramientas e incluso medios mecánicos. Generando productos, utilitarios, artísticos, culturales, funcionales, tradicionales, simbólicos que se consideren socialmente significativos.

Para la elaboración de sogas se utiliza cuero de distintos animales, especialmente de vacuno y “yegüerizos”. Se desarrolla la confección de aperos para la cabalgadura y para dominar el ganado. Galindo (2004), indica que los sogueros elaboran lazos, riendas, taleros, chiguas, maneas, trabas y otras sogas. Para la elaboración del lazo por ejemplo, es necesario contar con un cuero de vacuno, el cual se obtiene desollando a un animal, lo que se denomina cuerear. El cuero en un principio se debe orear o se tapa con excrementos de vacuno para otorgarle elasticidad. Luego con un cuchillo pequeño y filoso, el cual se llama soguero, se cortan varias tiras anchas y largas, las que se denominan lonjas. Estas se estiran y atan en los extremos para luego quitarles el pelo. Luego se debe sobar, que es la acción de introducir la lonja dentro de un instrumento de madera denominado mordaza el cual a través del roce generara que la lonja se vaya estirando y poniendo más dócil.

Las tiras gruesas pasan a denominarse sogas y las finas, tientos. Los tientos se deben desvirar lo que significa que deben ser alisados en los bordes, posteriormente se unen dos o tres tientos y se tuercen. En el caso de los lazos, éstos se construyen con cuatro u ocho tientos. "(…) Una vez trenzado se le coloca la argolla y en el extremo opuesto, la presilla. Se deja secar y se matea, es decir, se restriega furentemente contra la corteza de alguna mata, generalmente calafate o chilco. La sustancia vegetal le otorga brillo y lo vuelve impermeable al agua (…)" (Galindo, 2004, p. 72) Galindo (2004), plantea que para mantener sobados o maleables los lazos y sogas, recomienda –según los sogueros- engrasarlos con grasa cruda o restos de pana.

En la actualidad la soguería se encuentra en riesgo de desaparecer, porque los objetos producidos a través de esta técnica se han ido volviendo irrelevantes con la llegada de automóviles y el uso de sogas o piolas, de materiales más económicos y sintéticos.

Práctica:


La señora Miriam Gómez, desarrolla diversas prácticas vinculadas con la lana y el cuero. En el caso del cuero, trabaja con el curtido, ya sea de vacuno, caballo u oveja. La señora Miriam nos explica que la curtimbre en cuero de oveja, se requiere de los siguientes pasos:

1) El cuero se debe remojar en agua por dos días. Luego se saca del agua y se desgrasa, pasando un cuchillo largo, con poco filo, por la parte interior del cuero, raspando el cuero sin que este se dañe.

2) El cuero se lava bien, con jabón o detergente, buscando que quede lo más limpio posible.

3) Se estira el cuero y se estaquea por toda la orilla, que quede bien estirado, luego de eso se le agrega una mezcla de piedra lumbre y sal disuelta en agua y se deja reposar por aproximadamente 48 horas.

4) Cuando ya está seco el cuero, se le pasa lija para que salgan los restos de grasa o carne que puedan quedar y se masajea o soba.

5) Al final se da vuelta el cuero y se peina la lana, hebra por hebra, procurando que toda quede bien peinada y que no se aplaste una con la otra.

Aparte de trabajar el cuero, la señora Miriam, confecciona tabaqueras de cuero y tela, las que antiguamente, eran un accesorio imprescindible para el hombre de campo. También representa en artesanías aperos como las sogas, boleadoras y rebenques que son vendidos como suvenires en las ferias que puede asistir.

Uno de los conocimientos que heredó de su abuela y que ella le ha traspasado a su hija, es el trabajo con lana natural, la cual hila y teje, confeccionando boinas, con sus propios motivos, que como nos comenta ninguna se parece a la otra, medias de lana, entre otras prendas. "Yo vendo todos los días cositas chicas, para el Encuentro Costumbrista, cualquier cantidad (…) yo si puedo salir, salgo, siempre primero están las chicas y después, si su papá puede venir a quedarse con ellas, salgo (…) ha servido harto esto, a la chica menor le gusta la artesanía y cuando ella sea más grande va a trabajar conmigo". (M. G.) .

Fuentes:


- Galindo L. (2004). Aisén y su Folclor, Fondo Regional de las Artes y la Cultura, Coyhaique Patagonia Chilena.
- Osorio, M. (2006). He de Hablar con Ciertos Muertos. Revista de Antropología Visual Nº 8, Santiago, diciembre de 2006.
- Naranjo, J. y Mekis C. (2011). Telar Patagón, una guía para principiantes. FONDART, CNCA. Coyhaique Patagonia Chilena.

  • Identificador SIGPA: CI1478
  • Documentador: Sebastián Miranda Saavedra / Ximena Mansilla Ossandón
  • Fecha de registro: 20-08-2013
  • Tipo: Cultor individual
  • Género: Femenino
  • Comuna: Cochrane
  • Region: Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo
Ubicacion
Fotografías