María Angelina Parra Parra
Cantora campesina
Penco, Bío Bío

María Angelina Parra nació en 1934 en el sector de Lonquén, 50 kilómetros al interior de la comuna de Trehuaco en la provincia de Ñuble. Los comienzos de su vida están marcados por sonidos de antigua hechura, que se confunden en su memoria con el colorido de los atardeceres que inundaban el corredor de su casa natal. Se crío escuchando cantar a su nana Melania, una mujer de talante alegre, que veló por su infancia en los campos de Linares.

A edad temprana también escuchó el canto de las tonadas campesinas de las voces de su madre y su tía, mujeres de acomodada condición social que –no obstante– compartían con su nana la misma sabiduría y, por cierto, las mismas canciones. A los 13 años comenzó a ejercer el oficio de cantora, heredado principalmente de su madre, la señora Alvarita Parra Constanzo, quien a su vez aprendió a cantar y tocar la guitarra de su madre, la señora Margarita. Desde entonces, junto a su madre, participaron animando trillas, mingacos de vendimia, casamientos, finalizaciones de novenas, santos, bautizos, fiestas familiares, velorios de angelito y fiestas familiares, recorriendo distintas comunas de la provincia de Ñuble.

La cantora campesina es un personaje que representa la nobleza de una estirpe y, sin duda, su figura destaca a través de los siglos, pues en ella se conjuntan las aguas de muchas voces centenarias y anónimas que han dado forma a un inconfundible modo de ser que las define y distingue. Ese modo, que algunos llaman identidad cultural, la señora María Angelina lo describe como “la humilde modestia de la sabiduría que anida en este digno personaje, encarnación pura de nuestro origen mestizo que le ha dado a nuestro campesinado una manera de pertenecer y permanecer en el tiempo y el paisaje.”

La tonada campesina chilena es un canto simple, de lírica transparente, que no da muestras de tener grandes pretensiones, como lo pudieran representar otros oficios de canto tradicional. “(…) Las cantoras han hecho carne lo que cantan o, mejor aún, sus canciones –eso que los estudiosos llaman repertorio– representan lo sustantivo de sus existencias. Escuchándolas con el corazón uno puede presentir que su arte arranca de un misterio diáfano como una mañana: su canto es un reflejo de sus propias historias de vida. Escuchar lo que ellas cantan es como leer en el libro de sus almas.”

A los 28 años se casa y se traslada a la comuna de Penco en la provincia de Concepción, donde reside y continúa ejerciendo su oficio hasta el día de hoy, participando en fiestas y actividades culturales. Colabora permanentemente con distintas organizaciones, entre ellas, el Archivo de Cultura Tradicional de Artistas del Acero, a través del trabajo de documentación de la investigadora Patricia Chavarría, con el objetivo de preservar esta tradición y que no se pierda. También ha participado presentándose en inauguraciones de exposiciones, durante el Día del Patrimonio Cultural, incluso, en el año 2008 participó en un encuentro de cantoras campesinas en la Feria Internacional del Libro en la Estación Mapocho, representando a la región del Bío Bío.

Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2009


Obtiene el Reconocimiento Tesoro Humano Vivo por ser símbolo de la herencia del canto a lo poeta del mundo rural, cultivando y perfeccionando el toquío tradicional con la guitarra que caracteriza a las cantoras campesinas, parte vital y valiosa del patrimonio musical chileno.

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