José del Carmen Vera Pérez
Guaitecas, Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo

José Vera Pérez, nace un 28 de agosto de 1972, en la localidad de Melinka, donde al igual que muchos otros habitantes, su parto fue asistido por la partera del sector. Los padres de José, provienen de Chiloé, de San Juan de Chadmo y Auchac, sectores costeros de la Isla Grande de Chiloé, donde se encuentra buena parte de su familia. Emigraron aproximadamente el año 1957, por los trabajos que se desarrollaban en ese entonces, en base a la extracción de ciprés de Las Guaitecas (Pilgerodendron uviferom).

"Antiguamente se trabajó mucho el ciprés aquí en esta zona, pal’ ferrocarril que se hizo pal’ norte según conversaban ellos (…) Y de por ahí vinieron con ese afán a trabajar a la zona y de ahí se quedaron acá, hicieron patria" (J. V.).

José, junto a su esposa María Nehuen, tienen tres hijos, uno pequeño de nueve años, un joven de quince años, que se encuentra cursando tercero medio en la localidad de Castro y una hija de dieciocho años, que volvió a Melinka después de haber terminado sus estudios secundarios y que en la actualidad trabaja en la Municipalidad de la localidad.

Siempre ha vivido en Melinka y como nos indica, es "criado con todas las raíces de Las Guaitecas", lo que le ha permitido conocer y practicar las principales manifestaciones económicas tradicionales, que se han llevado a cabo en la localidad, como por ejemplo la cholga seca (Aulacomya ater), el pescado seco, la extracción de almeja, jaiba, centollas y en la actualidad el erizo. Además ha trabajado en la industria salmonera, como buzo por varios años y ha vuelto nuevamente a trabajar en la extracción de productos bentónicos, específicamente el erizo.

"Por la cuestión del virus isa (Anemia Infecciosa del Salmón), las salmoneras anduvieron decayendo y contrataron poca mano de obra, así que traté de volver al mar de vuelta" (J. V.).

Contexto:

Navegación en chalupa a vela

Tamayo, en su libro Las Vetas de un Saber Mestizo, comenta: “La zona comprendida entre el actual Puerto Montt y las Islas Guaitecas, y entre la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico, es llamada el Gran Chiloé. (…) Las riquezas del mar y el refugio del bosque posibilitan la ocupación a diversos grupos, con tecnología y rasgos culturales distintivos. (…) Islas, fiordos, archipiélagos y cruces cordilleranos, lagos y ríos, fueron zona de movilidad y asentamiento de antiguos cazadores recolectores, con fuerte dependencia marina. En el mismo texto dice “Se deduce que posiblemente los grupos williches son los herederos de aquellas primeras poblaciones. Se plantea que estos grupos se vinculan con la cultura de la madera, en referencia al uso primordial de este elemento en su cultura material: viviendas, artes de pesca, armas de caza y herramientas. Esta cultura será fundamental para la adaptación y domesticación del hábitat marítimo, ya que permite crear las primeras embarcaciones (Álvarez 2002). La trascendencia cultural de la madera y la confección de embarcaciones comienza miles de años atrás, y serán determinantes en las sociedades costeras” (Pág. 12-14).

Según Tamayo, (2011). “Abundaron las pequeñas embarcaciones (dalcas, botes a remos, chalupas, lanchas, chalupón chilote). Las goletas o veleros, de dos mástiles, de gran tonelaje y para largos viajes, fueron fabricadas solamente en ciertos lugares, allí donde existían las condiciones para la instalación de importantes, a veces en lugares poco conocidos, como en el caso del Estero de Tocoihue, cerca de Calen, comuna de Dalcahue; o en la cordillera de Chiloé continental, sobre las costas de Hualaihué y en sectores como La Poza, Aulen, Mañihueico, Hualaihué Estero. Comprender por qué se difundió tanto el arte de las lanchas en el área de Chiloé, es preguntarse por una cultura característicamente integradora y creativa”. (Pág. 127).

Faena de la Cholga Seca

Otras de las prácticas de las cuales tiene conocimiento don Alberto Carimoney, es la cholga seca (Aulacomya ater). Según Ponce, Pastrián y Berríos (2008): “Durante décadas la faena de la Cholga Seca fue la principal fuente de trabajo, para los habitantes del archipiélago de Las Guaitecas. Muchos de ellos se criaron en las islas trabajando la Cholga Seca, con sus Padres y Hermanos”. (Pág. 59).

Según Saavedra (2011) la cholga seca (Aulacomya Ater) y el pescado seco podrían considerarse arquetipos de prácticas de reproducción material de la vida social. Prácticas que se transforman y se recrean hasta el día de hoy.

"No sólo porque aún existan viejos cholgueros, sino porque en todas las faenas contemporáneas - con excepción de la salmonicultura, que en ciertos aspectos, ha impedido seguir concibiendo la matriz tecnológica local como un continuum - algo del mundo de la deshidratación sigue vivo y se recrea constantemente (…) en realidad hablamos de algo cotidiano y práctico, o para decirlo con Bourdieu, un habitus cholguero que se mantiene –variado obviamente- en algunas comunidades costeras de Aisén" (Saavedra, 2011, p.216)

Saavedra (2011) plantea que este tipo de prácticas se encuentran íntimamente relacionadas a las extintas economías canoeras y de esta forma no son ajenas a las actuales. Ya que los canoeros navegaron por estas aéreas, por lo menos hasta el siglo XVIII. Donde este tipo de faenas permitía a las familias recorridos extensos en espacio y tiempo.

Además la deshidratación, como sistema de conservación resuelve el problema de la putrefacción y permite, por un tiempo más prolongado, la comercialización del producto.

"Una familia o en otro caso una cuadrilla cholguera o maderera, chilota lo más probable, podía internarse en el vasto archipiélago por cuatro, cinco, seis meses, un año incluso, instalarse tal vez en algún punto indeterminado, construir las “infraestructuras” básicas para el secado de los peces o los mariscos y procesar en ese lugar. Luego regresar a Chiloé o Melinka o bien “entregar” en alguna costa cercana". (Saavedra, 2011, p.217).

En relación a la pesca artesanal, más allá de lo mercantil, según Saavedra (2011), las salidas extractivas o faenas, comprenden un acontecimiento que recrea el sentido de la vida de las comunidades. Considerando el trabajo colectivo, relacionado a las exigencias y riesgos que se imponen. Como plantea el autor, no es simplemente ir a mariscar, ya que se trataría de uno de los momentos más decisivos de la vida comunitaria, materialmente y espiritualmente, siendo allí donde se hace posible su reproducción.

Práctica:

Navegación en Chalupa a Vela

Para poder navegar en la chalupa a vela se dependía de los vientos para zarpar, tener el viento a favor o el viento de costado que también permite navegar. La idea es aprovechar de la forma más eficiente los vientos, por lo que se busca la mejor posición de la vela y se atrinca o se sujeta como nos indica José. "Hay que atrincar la vela para que agarre viento, entonces el timón se carga más a un costado, hace una fuerza al timón, pero también corre la embarcación" (J. V.).

Cuando el viento jugaba en contra, se debían bordear las embarcaciones, es decir, navegar de costado, en zig-zag, lentamente llegando al lugar objetivo. "Para que corra, tengo que yo por ley, tener un poco de viento a mi favor, aunque sea un poquitito de viento, atrincando bien la vela puedo bordear, puedo irme para allá y después volver para acá, depende de las mareas, entonces de a poco me voy acercando al lugar que yo quiero llegar. Por eso que la gente antigua no es como nosotros que andamos rápido, queremos ir rápido, ellos sus viajes eran largos, lo poco era un mes que ellos salían acá de Melinka" (J. V.).

Las velas eran confeccionadas con una tela blanca llamada crea, la cual se teñía con corteza de tenío o tineo (Weinmannia trichosperma), árbol de zonas costeras, para otorgarle mayor duración, ya que al ser de color blanco, la tela se deteriora con mayor rapidez por los efectos del sol y la sal del mar. "Acá se usaban de esos tambores de petróleo, los cortaban y colocaban el cuero del tenío, la corteza del tenío y lo ponían a hervir ahí, entonces cuando está hirviendo largaba la tinta el cuero (…) esa era su tinta para teñir (…) quedaba medio cafecito".

La vela es parte del aparejo de una embarcación, el cual es el conjunto de palos, velas, cables y cabos que mantienen firme los mástiles, los cuales permiten poner en movimiento la chalupa. Aunque José solo le llama aparejo a la vela mayor. La chalupa utilizaba dos velas, una es la vela grande y el foque que va en la proa o parte delantera de la embarcación. El timón era de madera, de un peso proporcional a la chalupa y que permitiera que éste se mantuviera en el agua para no levantarse.

"Es un palo rústico que es pesado, uno apenas lo puede y una vez que esté ahí para que no se levante y lleva unos machos (tarugos de madera) que se le llama que van metidos atrás, no van apernados" (J. V.). La chalupa a vela, tanto la proa como la popa, terminan en punta, lo que permite una navegación más rápida. "Una embarcación a vela corre mucho más que un bote a motor, cuando hay viento, esa va pasando no más, va como de costadito, cuando hay viento bonito y parejo. Y no siente ningún ruido, uno puede ir conversando, no como el ruido del motor que no se puede ni conversar" (J. V.).

Cuando hay demasiado viento es necesario bajar la vela grande, pero el foque se mantiene, el cual sólo sirve para navegar de costado, ya que éste es fijo y sólo se ocupa para bordear. En el caso de que no exista viento, se hace necesario utilizar los remos.

Se considera que es peligroso manejar una embarcación a vela, ya que es fácil que se dé vuelta, si es tripulada por personas sin el conocimiento previo de los vientos y mareas. En el caso de José, éste aprendió de su padre y éste de su padre, convirtiéndose en un conocimiento tradicional, que se ha mantenido de generación en generación y que en la actualidad, tiene un gran riesgo de desaparecer.

José considera que hace aproximadamente treinta años que se ha perdido éste tipo de navegación. Recuerda que comenzaron faenas como la del loco (Concholepas concholepas) donde se ganó mayor dinero, lo que permitió comprar embarcaciones nuevas con motor, olvidando la antigua chalupa a vela. Lo que se complementó con la escasez de cholga y pescado seco, generando que los compradores de ese producto dejaran de visitar la isla. La chalupa en la actualidad se sigue utilizando, pero en menor medida en la navegación a vela, ya que a la chalupa se le ha adaptado un motor.

En la actualidad José se dedica al buceo, práctica que realiza hace aproximadamente veinte años, tanto en faenas como el erizo, la que tiene una temporada entre marzo y octubre de cada año y en el verano se trabaja la alga luga (Gigartina skottsbergii).

Faena de la Cholga Seca

En la actualidad este tipo de faenas, han ido desapareciendo por diferentes motivos, como por ejemplo la llegada de empresas conserveras, compradoras de marisco fresco. Para José, se dejó de trabajar la cholga seca, porque se desarrollaron otros recursos que son y fueron más sustentables para las familias de Melinka, como la centolla y el loco. Por lo que en un proceso rápido, las personas que se dedicaban a la cholga seca y el pescado seco, comenzaron a acercarse a los productos frescos, los cuales era posible venderlos a comerciantes en la misma isla. Como es en la actualidad la economía del erizo, que implica menos trabajo para su entrega, en comparación con la extensa faena que implican los productos ahumados, los que además son superados en sus precios de venta.

"Por ejemplo me iba a trabajar hoy día, entregaba mi recurso y quedaba listo al tiro en cambio el proceso del marisco y el pescado, era más de lo que uno trabajaba. Había que sacar el pescado, había que salar el pescado, había que dejar un día que repose la sal para que pueda entablillarlo y colocarlo al humo, para que pueda pasar la sal" (J. V.).

Al comenzar a trabajar por mayor dinero, José nos indica que las personas comenzaron a acomodarse de a poco, comprando botes y motores nuevos, dejando de lado las velas y los remos.

"Entonces a quien no le gustaría andar más aliviado, entonces se empezaron a dejar por ese motivo (…) pero uno la experiencia que le queda del trabajo, no se la va a uno de su mente, porque uno sigue trabajando en el mar, solamente que cambio el rubro del trabajo no más, pero en cuanto a uno la experiencia de navegar en los mares y a conocer las mareas, los vientos, eso no se le olvida a uno, porque siempre está navegando en el mar" (J. V.).

La cholga al igual que gran parte de los productos del mar, entra en veda, específicamente entre el primero de septiembre y el quince de enero. Ésta se encuentra en bancos naturales, los cuales son identificados por los cholgueros, para luego armar campamento cerca de estos. La estadía en estos campamentos es variable, según la cantidad de paquetes que se estime conveniente producir. Según José, los antiguos cholgueros, como sus padres, llegaban a estar hasta tres meses en los campamentos, ya que para los más antiguos, la cholga seca era su principal economía. José llegó a estar un mes en la faena.

Para la extracción de la cholga se utilizan ganchos de fierro de tres patas amarrados a una vara larga. Primero se identifica el lugar donde se encuentra la cholga y se van enganchando y subiendo, lo que se denomina trabajar a gancheo.

Cuando bajaba la marea se raspaba la cholga con unas paletas de fierro para que se suelte de la piedra y poder llevarlas en canastos de manila (Phormium tenax) a los botes, el cual se traslada al campamento.

Comienza el cocimiento en tambores, los cuales se llenan con cholgas y se cubren con agua de mar. Se colocaban unos rieles de fierro debajo de los tambores y se prende fuego. Pueden ser hasta tres tambores, la idea es optimizar la leña, al igual que todo recurso que se encuentre disponible. Los tambores se tapan con paños u hojas de nalca. para que el vapor quede dentro, confeccionando una gran olla a presión.

Ya cocinados los mariscos, los tambores se dan vuelta entre dos personas. Se espera que las cholgas se enfríen un poco y se comienza el desconche con cuchillo. Una vez desconchado, se traslada al campamento donde se encuentra el fogón, en el cual se ensartan al piso cuatro horcones, que son estacas terminadas en V y sobre éstos unas varas cruzadas que soportaran unas varas trenzadas con matas de coigüe (Nothofagus dombeyi), donde irán las cholgas desconchadas y cocidas para su posterior secado.

El fuego debe ser bien controlado para que seque la cholga y no la queme, se colocan piedras alrededor del fuego, para que la ceniza no se esparza, ya que servirá para cocer las tortillas al rescoldo.

Este proceso en el secador tiene la función de endurecer la cholga, ya cuando esto se logra, se toma el secador entre dos personas y se lleva a un costado del campamento y se da vuelta sobre una lona, para que las cholgas no se ensucien con la tierra. Aquí se espera a que se enfrié la cholga y con una aguja de cobre de unos 20 centímetros de largo y con un junquillo partido, como hilo, resistente al cual se le puede hacer nudo, se comienzan a formar las sartas, que son tiras de junquillo con nueve cholgas.

"Un junquillo especial, antes aquí la gente antes de salir a la cholga hacían el junquillo decían ellos. Hacer el junquillo significaba ir a donde estaban los junquillos, ir a cortar el junquillo, majar el junquillo, darle, se buscaba una piedra y se empezaba a majar (golpear) el junquillo, maja, maja para que quede el junquillo bien suavecito. Después se deja secar un poquito, los manojos que se llamaban y después que estaba seco se guardaba en bolsas, para llevarlo para abajo, donde uno se iba" (J. V.).

Se ensartaba la cholga en la aguja y pasaba al junquillo, para de esta forma hacer la sarta. "Usted pesca la cholga del potito hacía adelante y empezaba con la aguja. Y abajito usted le hacía un nudo para que no pase. Entonces hasta llegar a la medida del paquete" (J. V.).

Cuando ya está toda la cholga ensartada se reúnen en sartas de cuatro patas cada una, es decir, en tiras de juncos, para luego colgarlas del uculhue, que es una vara que se coloca sobre el fogón, cerca del techo del campamento, donde se ahumaran las cholgas a través del humo generado por el fuego del fogón, que se utiliza para cocinar y calentar el campamento. Aprovechando al máximo la energía.

Cuando ya estaba lista la cholga seca, se comienzan a armar los paquetes de 20 patas o juncos, las que serían cinco sartas de cuatro patas cada una. Se juntan todas, se amarran y se trenzan en la parte superior del paquete, colocando dos amarras en el medio para que no queden sueltas. "Ya estaba todo listo, los paquetes ahumados, además se hacía una chigua atrás, donde se iba dejando la cholga ya lista, listos para traerlos cuando uno se venía. Entonces en esa chigua traes unas varas grandes, más gruesas que traes atravesadas y ahí se iba dejando toda la cholga (…) Se hacían cajones de madera y en esos cajones se metía la cholga, entonces el barco tenía un winche que se llamaba y ese cajón lo pescaba y lo embarcaba y los pescados los llevaban en chigua que les llamaban (…) los comerciantes los llevaban a Chiloé y por ahí lo negociaban" (J. V.).

La cholga seca antiguamente, se vendía a comerciantes que llegaban a Melinka, quienes no pagaban un buen precio. Según José el dinero que se pagaba por la cholga seca, alcanzaba sólo para subsistir.

FUENTES:
- Ponce, V.; Pastrián, I. y Berrios, G. (2008). Guaitecas: Paso al Sur, Rancagua, Chile, Taller Dos Galeria.
- Saavedra, G. (2011). Perspectivas Culturales del Desarrollo en las Costas Australes de Chile: Aproximación antropológica a las persistencias y transformaciones de las economías de pesca artesanal en el litoral de Aysén. Memoria para optar al grado de doctor. Universidad Complutense de Madrid.
- Tamayo Quilodrán, M. (2011). Las Vetas de un Saber Mestizo: Maestros de Ribera de Hualaihué. Santiago, Chile, Kultrún Ediciones.

  • Identificador SIGPA: CI1524
  • Fecha de registro: 22-08-2013
  • Tipo: Cultor individual
  • Género: Masculino
  • Comuna: Guaitecas
  • Region: Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo
Ubicacion
Fotografías