Cruz de Mayo de San Miguel de Azapa

fiesta popular
Documentado por: Dirección Regional Arica y Parinacota

Reseña

La Fiesta de la Cruz de Mayo festejada en el Valle de Azapa posee una clara connotación familiar. Un claro ejemplo de ello es la celebración realizada por la familia Corvacho, una de las familias afro-descendientes más reconocidas de la zona. De hecho, durante esta festividad no sólo se celebran a la Cruz, sino que también se conmemora a la “abuela” Julia Corvacho, matriarca de la familia, fallecida hace más de 10 años.

Cada año la “Organización Social y Cultural Sra. Julia Corvacho” celebra la festividad los días 14 y 15 de mayo, según una disposición de la misma comunidad. Esta conmemoración se realiza en una parcela familiar ubicada en el kilómetro 8 del Valle de Azapa, a un costado de la carretera principal y a los pies del cerro donde descansan las cruces durante todo el año. No obstante, si bien la festividad se desarrolla principalmente los días señalados, durante los nueve días precedentes se realiza una “novena” en la pequeña capilla ubicada en la parcela. A lo largo de esos días, la Cruz es velada por la familia, quienes realizan cantos en honor a las cruces de Julia Corvacho y sus familiares.

En la tarde del día 14 de mayo, diversos familiares concurren al lugar para asear y adornar la parcela donde se realiza la celebración. Pese a ser un trabajo colectivo y familiar, el peso de la organización de la fiesta recae en la figura del alférez. Al parecer, antiguamente el alférez se hacía íntegramente responsable de todos los gastos en los que se incurría para la fiesta: comida, bebida, bandas musicales, alojamiento, traslados, etc. En ese contexto, la figura de Doña Julia Corvacho fue especialmente relevante.

Dentro de una pequeña capilla presente en la parcela, se ubica una improvisada tarima, justo frente al altar sacerdotal, adornada con flores y velas especialmente para la ocasión. Sobre la tarima se ubican tres cruces de madera, de diferentes tamaños y colores, adornadas a su vez con un arco de flores y una tola blanca que las recubre. La cruz pequeña era utilizada en vida por Doña Julia Corvacho durante las celebraciones de la Cruz de Mayo, mientras que las otras cruces son de propiedad de la familia y sus descendientes.

En paralelo, un grupo de niños, familiares de Julia Corvacho, preparan, limpian y adornan el sendero que va desde la parcela hasta el altar que se encuentra en el cerro aledaño, con un sinnúmero de coloridos envases plásticos con velas en su interior. El altar posee un arco de mediana altura, adornado especialmente con hojas de palmera y flores para la ocasión.

A medida que la tarde avanza, comienzan a arribar más personas a la parcela. Una vez que llega el sacerdote al lugar, casi al caer el sol, se abren las puertas de la capilla y todos ingresan al recinto, dando inicio a la misa. Durante la liturgia se leen algunos pasajes bíblicos alusivos a la celebración, y se recuerda especialmente a los familiares fallecidos. Luego, ingresan el resto de familiares y amigos de la familia, quienes elevan cantos a la Cruz y también a Doña Julia Corvacho. Acabados los cantos, ingresa un grupo de bailarinas jóvenes de danzas afro-descendientes, acompañadas del grupo de música afro-descendiente “Tumba Carnaval”, quienes tocan instrumentos de percusión, como tambores y timbaletas, rindiendo tributo y “saludando” a la Cruz, a Julia Corvacho y a toda su familia. Una vez que el grupo termina su presentación, se retiran de la capilla para continuar con la música en las afueras del recinto. Acabada la música, reingresan a la capilla los alférez de la fiesta y los familiares más cercanos, quienes conjuntamente elevan cantos a Julia Corvacho y a la Cruz llenos de emoción, acompañado por un clima de respeto y solemnidad.

Acabado este solemne momento, cerca ya de las ocho de la noche, las tres cruces son retiradas de la capilla cuidadosamente y son trasladadas al interior de la parcela. Los alférez y sus familiares más cercanos son los encargados de instalar a las tres cruces frente al escenario, acomodando incluso sus arreglos florales. Nuevamente el conjunto de danza y el grupo musical “Tumba Carnaval” realiza una presentación.

La música no se detiene. Los últimos tambores no acaban de retumbar en el lugar, cuando la banda de bronce recién ingresada se dispone también a musicalizar la celebración. Los músicos se ubican frente a las tres cruces y las saludan con sus melodías características. Luego de unos minutos, la música cesa y los alférez vuelven a adornar las cruces con nuevos arreglos florales y, en conjunto con sus familiares, vuelven a alzar cantos a la Cruz, refiriéndose explícitamente al madero sagrado y a Julia Corvacho. Los alférez y algunos de los familiares más cercanos, son los encargados de portar a la Cruz fuera del recinto. Una vez en las afueras, la banda de bronce musicaliza el inicio de la ruta que continua por el cerro, siendo seguida por el resto de asistentes que se encaminan en esta dirección.

En medio de la oscuridad del valle, el sendero se distingue claramente gracias a las iluminarias encendidas. Los familiares acompañan la procesión durante toda la ruta, hasta llegar al altar dispuesto en las alturas, siempre muy lentamente y de manera solemne.

Una vez que se acercan al altar, la banda de bronce comienza a entonar una melodía y las cruces son ingresadas por la ruta, hasta arribar al altar destinado para su ubicación. El resto de personas se aglomeran en torno al altar y observan cautelosas su colocación, mientras los familiares más cercanos adornan con flores la base del altar. Los alférez ubican lentamente las cruces sobre el altar, de menor a mayor tamaño, ubicando a la Cruz de Julia Corvacho en el centro. En este momento, un hombre adulto, familiar, comienza a realizar cantos en honor a la Cruz y a Julia Corvacho, siendo apoyado en los coros por el resto de familiares y asistentes presentes.

Acabada esta escena musical, el alférez toma la palabra, agradeciendo la asistencia de los presentes y recordando especialmente a Julia Corvacho, señalando que ella había sido madre, abuela, bisabuela y tatarabuela de gran parte de los presentes en la celebración. Conjuntamente le piden a la Cruz que le brinden mucha salud y bienestar a toda la descendencia familiar de Doña Julia, y que se mantenga el sentido de unidad familiar durante la fiesta y el resto del año.

Cerca de la 10 de la noche, acabada ya la ceremonia de ascenso y colocación de las cruces, todos comienzan a descender por el cerro para continuar con la celebración en la parcela. Según los familiares, en este momento se da término a la ceremonia religiosa y se da paso a “lo social”, momento en el cual se puede comer, beber y bailar, compartiendo hasta altas horas de la madrugada.

Durante la tarde, y luego del ascenso de las cruces, muchas de las mujeres que asisten a la fiesta se dedican a preparar una serie de platos como picante de gallina o carne mechada con arroz, además de una serie de bebidas para compartir. La comida es amenizada por cantantes y músicos de la zona, quienes con sus guitarras acústicas amplificadas se encargaron de endulzar con bellos valses peruanos la velada.

La música y el baile finaliza cuando el alférez retoma la palabra para recordar el motivo de la celebración: la unidad familiar y la fe cristiana, celebrada en un ambiente de respeto. Aprovecha además para extender la invitación a la fiesta para el próximo año y pide a los interesados presentes que se anoten con las colaboraciones entregadas para el desarrollo de la próxima fiesta.

Acabada la actividad, cerca de las 11 de la noche, sube al escenario una banda de cumbia (introducida recientemente por Doña Julia Corvacho), quien junto con la banda de bronce hacen bailar a los asistentes. Bajo esta dinámica se mantuvo la fiesta hasta altas hora de la madrugada, en un ambiente cada vez más distendido, finalizando la celebración al día siguiente.


La Cruz de Mayo es una de las festividades más importantes celebradas en el norte de Chile (Van Kessel 2006) y en toda la zona sur andina (González 1992a; 1992b; Millones y Tomoheda 2001). Esta celebración popular, como muchas otras, llegó al territorio americano con la conquista española. Aunque es difícil rastrear de manera fidedigna su origen histórico en la región, se sabe que desde el Concilio Limense de 1538 esta celebración se encontraba consagrada como día de precepto (obligaba a concurrir a misa).



Bibliografía:

Van Kessel, Juan (2006a) ‘Las cruces de Mayo’, fiesta tradicional de los agricultores de Azapa. En: Los santos iconos de Chile. Cuaderno de Investigación en Cultura Y Tecnología Andina, nº 24. Iquique: IECTA, 17-28

González, Luis (1992a) El comunero principal. La cruz en la vida campesina. En: Dammen, Franz y Judo, Esteban (eds.) Cristo crucificado en los pueblos de América latina. Antología de la religión popular. Lovaina: STAUROS-International, 211-234.

González, Luis (1992b) Cuando nace la solidaridad. La cruz en las barriadas de Lima. En: Dammen, Franz y Judo, Esteban (eds.) Cristo crucificado en los pueblos de América latina. Antología de la religión popular. Lovaina: STAUROS-International, 235-250.

Millones, Luis y Tomoeda, Hiroyasu (2011) La Cruz del Perú. Sevilla: Universidad de Sevilla.

  • Folio CNCA: 856

  • Tipo: Fiesta Popular

  • Fecha de registro en SIGPA: 07-11-2013

  • Ubicación: Región de Arica y Parinacota - Arica

  • Fecha de inicio: 14 de mayo

  • Fecha de término: 15 de mayo

  • Día principal: 14 de mayo

  • Visto 905 veces

  • mapa de ubicacion

    cooperaron con este registro

    Julia Walker
    Sugerir Revisión