Rosa Elcira Güisa Lanchipa

Artesanía en totora / Cestería en totora

cultor individual
Documentado por: Dirección Regional Arica y Parinacota

Reseña

Rosa Güisa Lanchipa es ariqueña de nacimiento. Se ha dedicado a la artesanía con totora desde muy niña; ha trabajado como lavandera en el emblemático barrio de la Chimba; tuvo un papel fundamental en la organización y participación de gran parte de las fiestas que alegraban el calendario de Arica en tiempos de la Junta de Adelanto; ha sido fiel devota de la Virgen de las Peñas a través de la participación en diversos bailes religiosos; y ha representado innumerables veces a Arica con la práctica del atletismo. Por estas y muchas otras facetas, no cabe duda de que Rosa Güisa es una de las mujeres que mejor representa hoy en día la historia reciente de Arica y a la cultura afrodescendiente de la Región de Arica y Parinacota.

Rosa Güisa nació en un rancho de totora ubicado en el barrio de la Chimba, el día 30 de agosto de 1922. Hija de afrodescendientes por parte de padre y madre, y siendo la mayor de sus 5 hermanos, doña Rosa tuvo que trabajar desde muy pequeña para ayudar a su familia, en una época que fue difícil para muchos.

El barrio de la Chimba es un barrio ya desaparecido que se ubicaba entre las calles Velásquez y Chacabuco, donde actualmente se encuentra el Casino de Arica, un sector privilegiado de la ciudad. Se trataba de un barrio emblemático, pues allí vivía gran parte de la comunidad afroariqueña que descendía de los esclavos africanos llegados en la época de la Colonia. El barrio de la Chimba debía su nombre a los sembríos que los chimberos (como eran llamados sus pobladores) trabajaban, en un terreno húmedo e idóneo para cualquier tipo de cultivo. Doña Rosa recuerda cómo eran esos años de su niñez, donde sus padres, al igual que sus vecinos, cultivaban sus propias verduras y que muchas veces vendían en el Mercado Central o en ferias: “en esa época comíamos harto zapallo, harto camote, harto pescado… ¡era muy rico el pescado antiguamente!”.

El padre de doña Rosa, don Daniel Güisa, también era pescador. Debido a la proximidad de la Chimba con la playa Chinchorro, era común que los chimberos se dedicaran también a la pesca. En esa época se pescaba con redes, porque eran pocos los que poseían un bote. Lo hacían entre amigos y la mayoría eran afrodescendientes, según recuerda doña Rosa. Algunos también pescaban con pequeñas embarcaciones, utilizando el método de arrastre. También era común sacar camarones del río Lluta y luego venderlos en los mercados en la ciudad.

Otro de los oficios comunes del barrio de la Chimba era el de lavandera. En el barrio había en esos años una vertiente conocida como “el Aguaíta”, donde las mujeres del barrio, afrodescendientes en su mayoría, iban a lavar ropa por encargo. “El Aguaíta” se convirtió con los años en un lugar de encuentro, donde los niños jugaban y se bañaban mientras sus madres trabajaban duramente. La mamá de Rosa Güisa, doña Agripina Lanchipa, trabajó como lavandera durante muchos años. En este contexto, doña Rosa tuvo que aprender de muy joven este duro oficio, para ayudar a su madre a mantener a sus hermanos más pequeños.

Aunque el oficio que quizás mejor representaba a los afrodescendientes ariqueños era el trabajo con totora (Baez, 2012). Este trabajo, recuerda doña Rosa, “era muy sacrificado”. La totora era extraída de los pastizales del Valle de Lluta y se trasladaba a Arica en burro. Luego se seleccionaban los tallos más gruesos y resistentes y se trabajaban manualmente hasta obtener objetos útiles, como canastos, esteras, cierres o techos. Don Daniel Güisa trabajó durante muchos años en la fabricación de objetos con totora y fue él quien le enseñó este oficio a su hija mayor.

Rosa Güisa aprendió a trabajar la totora desde muy pequeña y de manera casi natural, observando cómo trabajaba su padre. Ella recuerda que a los 4 años ya sabía trabajar este noble material. Primero lo hacía para ayudar a su familia, pero poco a poco empezó a jugar con los pedazos de totora que no le servían a don Daniel, utilizándolos para fabricar objetos más pequeños que ella misma inventaba. Con el tiempo, de manera totalmente autodidacta y fruto de su imaginación, empezó a fabricar objetos y artesanías más complejas y delicadas, hasta convertirse en una artesana reconocida a nivel nacional e internacional. Doña Rosa solía ir al Valle de Lluta a cortar totora de los pastizales. Era un trabajo duro y sucio, por eso sus hermanos y más adelante también sus hijos, no quisieron mantener la tradición. Ella recuerda que cortaba la totora seca de las parcelas con un cuchillo y luego en su casa la seleccionaba según tamaño y calidad. Luego la humedecía y con una piedra como única herramienta de trabajo, machucaba los tallos y lo manipulaba hasta obtener objetos finos, pulidos y únicos, como canastos, bolsos, adornos, fundas de botellas, sillas, etc. Con el tiempo, doña Rosa se fue perfeccionando, llegando a tejer superficies muy grandes en una sola tarde. Su trabajo le apasionaba, por eso las artesanías que con tanto cariño fabricaba, rápidamente provocaron la admiración de muchos, y lo que empezó como un juego de niñez, pronto se transformaría en una manera de vivir y de mantener a su familia. Los trabajos solía venderlos por encargo a personas conocidas, a hoteles y en las ferias y exposiciones donde participaba a menudo. Gracias a la artesanía, Rosa Güisa ha tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo, a través de la participación en ferias y exposiciones. De hecho, fue invitada en innumerables ocasiones a la Feria Internacional de Artesanía Tradicional celebrada en Santiago; recorrió Chile, de norte a sur, mostrando su obra en exposiciones; y fue invitada a participar en ferias en Argentina, Perú y Bolivia. También estuvo en Isla de Pascua, lugar que recuerda con emoción, aunque indudablemente fue Francia el país que recuerda con mayor cariño, el cual visitó con una comitiva cultural de la Municipalidad de Arica, junto a músicos, bailarines y otros cultores de la ciudad. De esta manera, Rosa Güisa ha logrado mantener vivo un emblemático y representativo oficio tradicional de la comunidad afroariqueña, además de difundir sus saberes alrededor del mundo. Por ello, ha sido ampliamente condecorada y reconocida como artesana. Le han entregado diversos diplomas, premios y medallas, tantos que no recuerda cuántos son. Entre ello, fue elegida hija ilustre de Arica, condecoración que recuerda de manera especial. Y aunque hoy en día ya no trabaja en totora, su legado lo ha difundido a través de su participación en talleres en universidades y escuelas, donde ha enseñado a niños y adultos la delicadeza de su trabajo. Pero la artesanía no es la única razón por la cual se conoce y admira a esta conocida ariqueña. Rosa Güisa también se dedicó de muy pequeña a organizar y a participar en las fiestas que se celebraban en su querida ciudad natal. Para la ya desaparecida Fiesta de la Primavera, que duraba 3 días seguidos, Rosa Güisa organizaba comparsas callejeras con su hermano, el también conocido “Negro Rufo”. En aquellas comparsas Rosa y su hermano, junto a sus vecinos y familiares, desfilaban por las calles disfrazados de africanos. Para ello, recuerda, “nos embadurnábamos de grasa y hollín, y nos colocábamos un hueso en la cabeza, que sacábamos del cementerio y el cual siempre devolvíamos al terminar la fiesta”. En esta memorable fiesta realizaban también concursos de reinas vecinales, para finalmente elegir a la reina de Arica. Otra fiesta que doña Güisa recuerda con cariño es la Fiesta del Carnaval. Cuando doña Rosa era una niña, esta fiesta era una de las más importantes de Arica. Durante esos días, se hacían rondas, se bailaba y se cantaba. La fiesta finalizaba con el entierro de ño Carnavalón en el cerro y con la lectura de un testamento lleno de humor y alegría. Rosa Güisa aún recuerda cómo estas fiestas hacían olvidar por unos días los problemas a las personas. Otra de las actividades festivas que recuerda nuestra cultora es la participación en las ramadas que se realizaban para las fiestas patrias (dieciocho de septiembre). Sus padres participaban en las ramadas cuando doña Rosa era una niña. Más adelante, a principio de los años 60, su hermano Rufo inició su propia fonda, la cual nombró “El Negro Rufo, y qué fue”. Con el tiempo, Rosa Güisa seguiría con la tradición familiar, instalando la fonda que llamó “La Negra Rosa, y qué fue”, en honor a su hermano, la cual se hizo famosa por sus anticuchos de alpaco. Nuestra cultora también ha sido fiel devota de la Virgen de las Peñas. Nunca faltó a una peregrinación hacia el santuario, e incluso fue bautizada allí. Desde muy pequeña doña Rosa acompañaba a su padre en los bailes religiosos, quien solía tocar zampoña con varios amigos. Luego ella se unió a un baile Canario, siendo la primera mujer en bailar en esta comparsa, integrada antiguamente sólo por hombres. Mas adelante, con otras personas, creó Las Cuyacas, baile de morenos en el cual participó hasta hace pocos años. Aunque quizás sea el atletismo una de las actividades que doña Rosa recuerda con más satisfacción. Comenzó a practicar este deporte desde muy chica. A los 11 años ya se dedicaba a competir, y recuerda que lo hacía “a pata pelá” porque no le gustaba correr con zapatillas. Ella corría, hacía salto alto y lanzamiento. Participó en diversos campeonatos locales, nacionales e internacionales, y fue un deporte que practicó hasta a los 85 años. Además, Rosa Güisa tuvo el privilegio de contar con un centro de madres y una calle en la Población Chile que poseían su nombre, aunque a esta última le cambiaron el nombre en la época de la dictadura militar. En aquella época, doña Rosa organizaba juntas de madres, juntas de vecinos y fue una mujer muy activa social y políticamente. También estuvo a cargo durante un tiempo de la barra de Deportes Arica, y con ellos también tuvo la oportunidad de viajar por el país. Por todo esto, Rosa Güisa se ha convertido hoy en día en una de las mujeres más conocidas y queridas de Arica. Finalmente, debemos resalta que doña Rosa nunca ha olvidado sus orígenes, y por ello formó, junto con otras personas, la Organización Lumbanga, con en fin de recuperar la memoria de la comunidad afrodescendiente de la Región de Arica y Parinacota, a través de diversas actividades como la creación de mesas de trabajo o la recuperación de bailes afro para el Carnaval de Arica. En este sentido, el papel que ha jugado Rosa Güisa, con su incansable esfuerzo y dedicación por mantener viva la memoria y la historia de sus antepasados, ha sido decisivo para poder empezar a obtener, como está ocurriendo en la actualidad, una mayor visibilidad y representatividad a los afrodescendientes en el ámbito cultural y político en Arica. Doña Rosa todavía se emociona recordando fragmentos de canciones que su madre le cantaba cuando era niña: “ay, suerte maldita, llevar cadenas, y el ser esclavo, el ser esclavo de un ruin señor, como mi madre una negra esclava, lava que lava…”. Rosa Güisa Lanchipa ha sabido y querido mantener vivos saberes y recuerdos únicos que permiten dibujar de manera muy cercana una parte de la historia de Arica poco conocida, pero que atesora una riqueza cultural y patrimonial única en Chile.

  • Folio CNCA: 1029

  • Tipo: Cultor Individual

  • Fecha de registro en SIGPA: 13-12-2013

  • Género: Femenino

  • Ubicación: Región de Arica y Parinacota - Arica

  • Fecha de nacimiento: 30/08/1922

  • Lugar de nacimiento: Arica

  • Dominios específicos: Artesanía en totora / Cestería en totora

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