María Yolanda Guerrero Velázquez

Tejedora a telar

cultor individual
Documentado por: Agustín Ruiz

Reseña

Yolanda Guerrero Velázquez fue depositaria de una herencia que la hizo sobresalir entre las muchas tejedoras de Puerto Montt. Una de las mayores exponentes de la confección de tejidos a telar chilote, tradición que le es heredada de su madre Sra. Luisa Velázquez y su abuela Sra. Agustina Smith.

A lo largo de la vida, gracias a la que fue su profesión, visitó ciudades y pueblos transmitiendo la tradición del telar chilote. Con gran maestría hizo una escuela de artesanía de alta calidad y preparación, siendo reconocida a nivel nacional como internacional por sus trabajos apegados a la alta costura de naturaleza artesanal.

Con sus manos transmitió saberes a sus alumnas, dejando en ellas las técnicas y saberes tradicionales. Cuenta con la admiración de su comunidad por la belleza estética y calidad del tejido, caracterizada por ser teñida con el follaje del bosque. Tonos cafés extraídos de la sabia y resinas de las barbas de palo, plateados y verdes sacadas del flujo de cortezas y hojas que afloran en los nudos de lo árboles, siendo tan bien entretejidos que solo permiten el reflejo de la luz encima del fino acabado.

Siempre trabajó el telar chilote, donde enseñó, entre otros, seis tipos de trabajos: como se urde, la frazada lisa, la de colores, la bordada, la de lana sin hilar y al final el choapino”. Tal como cuenta la Sra. Yolanda, en las zonas rurales de Puerto Montt, y por toda la región, esta tradición responde a una herencia familiar, donde suelen ser transmitidas de madre a hijas:

“Mi profesión empezó de 7 años con mi mamá. Es una herencia de ella”. “Yo no tenía idea de cómo se hilaba, entonces yo le sacaba lana a mi mamá a la escondida”. Y me ponía debajo del subterráneo con un palo, pero daba que no podía torcer, no torcía, entonces que no hice yo. Me vine arriba y busqué una papa y le hice para que tenga peso, pero resulta que como no sabía hice mucha fuerza y la papa se me partió entonces, busqué otra más y ahí sí, entonces se torcía, y ahí aprendí. Mi mamá sabía que alguien le estaba sacando lana. Una lana preciosa que traía mi papa. Y me dice: oye tu me estas sacando lana. Porque nosotros con mi hermano hacíamos pelotas como se hacía antes de trapo para jugar. Entonces ella me dijo, ¿tú me estás sacando lana hija?. Lana para que mamá. Negando. Entonces me dijo, no porque me faltan unas partes muy bonitas de los centro de los vellones. Mira mamá yo no te puedo mentir, yo soy. Y qué estas haciendo, te apuesto que estas haciendo pelotas. No mamá le dije, estaba hilando. Y dónde estas hilando. Yo lo tenía debajo de la cama y lo fui a buscar. Me dijo no mi hijita no po, si tu quieres aprender esa profesión aquí estoy yo y está tu abuelita. Fue a buscar un huso una tortera. Mi me dijo ya, esto se hace así. Y me empezó a enseñar”. Pasado el tiempo, entusiasmada por el mundo de colores abellotados y tintes de sabia vegetal entrelazados, a los 9 años más precisamente, en una especie de rito inicial teje su primera frazada, con ayuda de su madre Luisa. Con la venta de esa frazada, su primer trabajo, se logra comprar un abrigo: “Me compre un abrigo, y la alegría más grande fue esa”. “Y de ahí, te fuiste Yolanda Guerrero a trabajar”.

Después de eso colaboraba constante a su madre con el hilado. Pasó sus primeros años de estudio en Puerto Varas, al poco tiempo tiene que quedarse en casa ayudando con las tareas caseras, “no pude seguir estudiando porque le dieron la educación a mis hermanos, entonces estuve hasta cuarto, ya no pude seguir estudiando”. Los escasos recursos familiares la mantuvieron en la casa aprendiendo lo que después sería su profesión. Así recuerda la época infantil: “Si faltaban las cosas de la casa se hacía choapino y a vender, y con eso se compraba, nos manteníamos”. “Con eso traíamos azúcar, harina, de todo. Y la mayoría de la gente antigua del sector acá vivían de la artesanía. Nosotros como teníamos ovejas, esquilábamos, hilábamos, era todo, no como ahora que se compra el material. Ya nadie quiere hilar porque no sale a cuenta”.

Cuando comenzó a tener una mayor vitrina fue hace más de 40 años, cuando después de haber hecho muchas piezas, aparece la historia de una alfombra que fue un cambio en su vida. Después de vender una alfombra, y no tener nada para presentarse en una exposición, recurre al préstamo de una de sus propias alfombras que recientemente había vendido. Teniendo la alfombra llega a la Escuela n°6 de Puerto Montt, y cuelga su alfombra en el espacio disponible. “Cuando yo llegue estaban todas la alfombras en el centro, así que me quedé detrás de la puerta. Ahí coloque y nunca coloqué que estaba vendida. El que lo compró, fue Pacheco Altamirano”. “Eso es uno de los recuerdos más bonitos de todos”.

En una de sus numerosas cátedras por las tierras de Chaitén, recuerda la historia de una humilde señora que no sabía leer y escribir, y que quería aprender a tejer a telar. Después que ella quería retirarse, por temor a no poder aprender ya que el curso requiere de leer, la Sra. Yolanda puso en funcionamiento su manera de comprender la artesanía, en sus propias palabras, “La teoría yo la hago a mi practica”. De esta manera habló con la mujer indicándole que no se fuera, y se sentará en el primer asiento, y que escuchara mientras las otras alumnas estén leyendo y que memorizara paso a paso el sistema. Finalmente fue la segunda mejor del curso. “Hizo un choapino precioso”. Me dio pena y alegría haberle enseñado a una personas que realmente lo necesitaba”.

Recuerda también que sus inicios como profesora fueron en los años 70 después que una casa de estudios la visitó en su hogar. “Vieron mi manera de trabajar y me invitaron a realizar clases en Arica”. Cuenta, “no me fui”. Pero después cuando fue a Santiago, por un mes, siendo más cerca, todo comenzó. Desde allí ha propagado el telar chilote por muchos lugares preservando con su arte la herencia cultural de su familia. “Cientos y cientos de personas han aprendido conmigo”.

Otra de sus características es el amplio conocimiento para recolectar las materias del bosque que usa para teñir sus lanas. Tal como en el tejido mismo, estos conocimientos los ha transmitido sin mezquindad. “Yo lo único que he hecho, es trabajando y avanzando con los cursos, yo no dejo nada para mí, todo se los entrego a ellas”.

En la madrugada del pasado sábado 11 de marzo falleció, tras estar 3 meses en una dura lucha contra un cáncer de riñón.



  • Folio CNCA: 798

  • Tipo: Cultor Individual

  • Fecha de registro en SIGPA: 30-10-2013

  • Género: Femenino

  • Ubicación: Región de los Lagos - Puerto Montt

  • Fecha de nacimiento: 20/08/33

  • Lugar de nacimiento: Pichiquillaipe

  • Dominios específicos: Tejedora a telar

  • Fallecido (11/03/2017)

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