Dominga Neculmán Mariqueo

Alfarera

cultor individual
Documentado por: Tesoros Humanos Vivos

Reseña

EL CAMINO DE DOMINGA NECULMÁN MARIQUEO

La Sra. Dominga Neculmán Mariqueo destacada maestra alfarera del pueblo mapuche, reconocida este 2011 como Tesoro Humano Vivo por el CNCA y la UNESCO.

Es una mujer que a sus 76 años se mantiene fuerte y cercana a su comunidad, con lo cual se constituye en una de las últimas alfareras que enseña, exhibe y comercializa la cerámica tradicional Mapuche en el siglo XXI. Su trayectoria como cultora de este arte le ha permitido participar en numerosas muestras internacionales en China, Europa y los Estados Unidos. A nivel nacional su trabajo fue uno de los primeros en ser galardonados con el prestigioso Premio Lorenzo Berg, en 1986. Actualmente, permanece activa en la transmisión de su arte a diferentes públicos, dictando clases en mapudungun en la carrera de Pedagogía Intercultural Bilingüe de la Universidad Católica de Temuco, participando en la Cátedra de Cerámica Mapuche de la Pontificia Universidad Católica de Chile y dirigiendo además una agrupación de adultos mayores, entre otros.

UNA TRADICIÓN ANCESTRAL

El oficio de Dominga se remonta al pasado tanto como los primeros pobladores de la Araucanía. Hace 15 siglos atrás, aproximadamente alrededor del año 500 d.C., recolectores de pueblos del período arcaico en América, ya poseedores de tecnología cerámica, se establecieron en los valles y la cordillera del centro-sur de Chile. Estos pueblos convivieron con otros cazadores en la cordillera y las llanuras orientales trasandinas, en lo que es actualmente Argentina, y tras la cohesión forzada producto de la conquista española, estos diversos grupos humanos se fusionaron en lo que hoy llamamos pueblo mapuche.

Las mujeres mapuches han sido las grandes conservadoras de estas antiquísimas formas cerámicas, reproduciendo desde los primeros días y hasta hoy, tres tipos de vasijas principalmente: el ketrumetawe (o jarro pato), el metawe (o jarro simple con asa), y la challa (u olla con cuello estirado y dos asas como agarraderas). De acuerdo a investigadores especialistas en el área, la artesanía cerámica mapuche, además de ser utilitaria jugó un importante rol religioso y cultural en su sociedad. El ketrumetawe, por ejemplo, posee un simbolismo relacionado directamente con la estructura familiar mapuche, ya que imita el proceso de nidificación del pato ketro (tachyeres patachonicus), en donde el macho prepara el nido y luego lleva a la hembra a que deposite sus huevos en él. Estos distintivos cántaros han sido encontrados principalmente en tumbas femeninas, dando cuenta de su condición de mujer casada. En ocasiones, la temática femenina de este cántaro es enfatizada mediante protuberancias en el pecho, a modo de senos. Entre las representaciones zoomorfas más frecuentes se encuentra la gallina (o achawal), debido a que esta ave fue domesticada por los mapuches desde épocas prehispánicas, aunque recientemente también se suelen retratar otros animales domésticos llegados desde Europa. Estos son los utilizados hasta hoy para beber chicha de maíz en célebres ocasiones rituales como el ngillatún, la gran ceremonia rogativa que todas las comunidades celebran en una variedad de fechas.

NACE UNA ALFARERA

Dominga Neculmán creció en el campo entre mujeres, junto a su madre y su abuela, en la comunidad Juan Mariqueo de Roble Huacho, en Padre de las Casas (Región de la Araucanía). Su madre se dedicaba al trabajo en greda, lo que despertó en ella una natural curiosidad por su antigua tradición alfarera. Pero ante esas inquietudes, Dominga recibió de su madre una respuesta categórica: la cerámica era un trabajo demasiado duro y sucio, y ella no quería ver a su hija cargando el peso que había tenido que soportar. Fue así que entonces Dominga aprendió a tejer. Y, pese a las vueltas que ha tenido su vida, jamás ha dejado de hacerlo; aún hoy se sienta frente a su witral a tejer con la lana de sus propias ovejas, ponchos y mantas para ella y su familia.

Su vida, sin embargo, giraría inevitablemente hacia la cerámica. Poco después de morir su madre, cuando cumplió 33 años, y sin nadie ya que le prohibiera dedicarse a lo que desde pequeña había querido, Dominga comenzó a trabajar sobre lo que había aprendido observando y continuó perfeccionándose junto a otros ceramistas de la región. Pronto se hizo conocida, tanto entre las personas de su comunidad como entre investigadores y académicos que vieron en ella un caso excepcional. A todos recibió en su casa con la misma sencillez que mantiene hasta hoy. Con el paso de los años, y la proyección cada vez más grande de su trabajo, llegó a convertirse en el principal referente de la especialidad en Chile.

Sus piezas han viajado por el mundo, pero Dominga, además de algunos viajes para participar dictando talleres, abastecerse de materiales, o sencillamente para ser reconocida, aún prefiere vivir en la ruralidad de Roble Huacho; en donde confecciona hasta dos de sus metrawes cada día, inspirándose muchas veces en sus propios animales para darle forma a los cántaros que guarda en cada rincón de su taller. Por ese motivo abundan entre sus obras las figuras de chanchos, ovejas, gallinas y patos.

No está aislada, pero al parecer prefiere la tranquila austeridad de su hogar y de su taller, sin dejar nunca de estar muy consciente y orgullosa de la importancia que tiene su trabajo. “Claro m’hijo, estoy trabajando en eso”, cuenta Dominga para referirse al traspaso de sus conocimientos a las nuevas generaciones en la zona. Sencilla, aunque celosa de su independencia, así se define: “La artesanía es la vida para mí. Una vez al año vengo a trabajar (a Santiago) por mi platita, para comprar arcilla y greda y seguir trabajando, y que nadie me mande”.

UNA TÉCNICA QUE DESAPARECE

A diferencia de cómo trabajan otros ceramistas, que suelen ocupar herramientas de madera, tornos, esmaltes y hornos eléctricos para el cocido de sus piezas, el trabajo de Dominga se lleva a cabo fundamentalmente con las manos y requiere de muy pocas herramientas.

Sus materiales podrían resumirse como tres de los cuatro elementos clásicos formulados por Empédocles en la antigua Grecia: tierra, agua y fuego. Su principal materia prima es la greda (o üku) y la arcilla (o raq). La mezcla de ambas con una justa medida de agua termina convirtiéndose en una masa ideal para el moldeado de los cántaros. Una vez listos se procede a la quema, que consiste en la cocción de los objetos cubriéndolos con las brasas de un pequeño fogón que Dominga mantiene siempre encendido en su taller. Esta rudimentaria técnica casi ha desaparecido. Los nuevos escenarios sociales y culturales de nuestros tiempos han ido obligando a muchos artesanos a adoptar nuevos medios de producción y diseño que paulatinamente se han ido alejando de lo utilitario, cultural o religioso, para acercarse más a lo decorativo y sustentable. Son muy pocos los alfareros que, como Dominga, han preservado una tradición centenaria como la que practica, rehusándose a abandonar el pasado ancestral por el pragmatismo moderno. Estas notables características a menudo pasan desapercibidas, ya que es muy difícil comprender cabalmente el proceso y la identidad de una pieza de estas características tan solo observando el producto acabado. La importancia de estas piezas cerámicas, por otro lado, no se remite solo a los más de mil años de antigüedad que tiene su tradición, o su escasa circulación utilitaria, sino porque además reproduce elementos simbólicos característicos del pueblo mapuche y porque sus cultores ya casi han desaparecido.

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  • Folio CNCA: 258

  • Tipo: Cultor Individual

  • Fecha de registro en SIGPA: 24-10-2011

  • Género: Femenino

  • Ubicación: Región de la Araucaní­a - Padre Las Casas

  • Fecha de nacimiento: 04/09/1935

  • Lugar de nacimiento:

  • Dominios específicos: Alfarera

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  • Tesoro Humano Vivo de Chile año 2011

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