Unión de Artesanos de Quinchamalí
Chillán, Ñuble

La Unión de Artesanas de Quinchamalí está compuesta por alfareras de este pequeño poblado, ubicado en la Región del Biobío, provincia de Ñuble, 30 kilómetros al suroeste de la ciudad de Chillán. La principal misión de esta organización es promocionar una antigua producción cerámica, para lo cual se ha impulsado una labor de recuperación de piezas arcaicas, como una manera de mantener la memoria y el legado de las artesanas más antiguas que dieron nombradía a este remoto lugar.

Es una cerámica negra y de superficie brillante, de función tanto utilitaria como ornamental, o bien mixta, que destaca por la simpleza geométrica de su volumetría y su alto valor temático-figurativo, que incluye un amplio repertorio de figuras zoomorfas y antropomorfas que sigue un mismo patrón estético: la consabida superficie negra decorada con dibujos de trazos simples y esquemáticos, realizados mediante la técnica de incisión y pigmentado principalmente en blanco. El repertorio temático modelado por las alfareras está determinado por la capacidad creativa personal que no tiene otros límites que las pautas que marca el estilo local. No obstante, es evidente que lo que ellas plasman en la arcilla está claramente permeado por el imaginario de la vida campesina, haciéndose patente las actividades cotidianas y las tradiciones que identifican el mundo rural.

A diferencia de otras tradiciones alfareras de Chile, Quinchamalí goza de reputación y parte de ella se debe a que cada cerámica, por pequeña que sea, es una pieza única, singular. Esto se debe principalmente a que las artesanas tienen en gran estimación el oficio y la tradición que han heredado de sus antepasadas loceras. Por esta misma razón es que ellas se han negado a introducir el molde de matriz u otras técnicas que serialicen la producción cerámica. Así, cada artesana tiene en su mano el control absoluto sobre la pieza que ejecuta y su producción completa.

Antaño esta alfarería fue, como tantas otras, una respuesta a las necesidades de crear utensilios domésticos y a la demanda cotidiana de la zona. Pero su singularidad le valió notoriedad, y en la medida que esta cerámica comenzó a ser conocida fuera de los límites de la provincia, se fue constituyendo en la base económica de muchas familias quinchamalinas, donde la mujer ha sido figura determinante de este sistema de producción. En efecto, cuando las mujeres traspasaban sus conocimientos alfareros a otras mujeres del vecindario o familia, también transferían un estilo de vida en el que ellas podían contar con un mayor grado de autonomía respecto de los hombres, por tener la capacidad de generar su propio dinero.

La alfarería es en Quinchamalí un saber que se adquiere en un tipo de práctica participativa, relacional, en un espacio de encuentros permanentes, generalmente ligado al hogar y a la familia. También es una actividad fuertemente connotada por el género, dado que en el contexto rural la factura de la cerámica congrega casi ineludiblemente a las mujeres de un mismo linaje, donde se vinculan en el trabajo madres e hijas, nietas y abuelas, cuñadas y hermanas, suegras y nueras, sobrinas y tías.

La diversidad de ofertas laborales provenientes de otros ámbitos y principalmente del trabajo asociado a la agroindustria, crean un escenario de contrastes y comparaciones en el cual la alfarería aparece como una modalidad de subsistencia arcaica, menospreciada y a la cual la juventud no quisiera dedicar su tiempo y energía. Las alfareras organizadas en la Unión de Artesanas de Quinchamalí están conscientes de los riesgos de desaparición del oficio y de la pérdida que esto significaría tanto para la comunidad como para el conjunto de la sociedad chilena. Frente a esta situación, ellas están buscando alianzas para desarrollar gestiones que ofrezcan alguna esperanza de continuidad para una tradición que ha distinguido a Ñuble más allá de las fronteras nacionales.

Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2014


Se entrega esta distinción por elaborar manualmente una de las artesanías más representativas del país y propia de su localidad, manteniendo la técnica, colores y formas durante el tiempo, sin ser intervenida por nuevas tecnologías. Además, se destaca el trabajo comunitario de las artesanas.

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