BAILE CHINO DE SANTA LUCÍA
La Serena, Coquimbo

La presente información fue extraída de la investigación realizada por Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández sobre Bailes Chinos, compilada en la obra "Será hasta el próximo año", editada y publicada por el CNCA el año 2014.

Un antiguo canto recopilado por el padre Principio Albás da cuenta de esta modalidad de promesa, por la cual los niños se hacen chinos en virtud de una manda de sus padres a la Virgen. Estos versos, entonados en la fiesta de Andacollo de 1874 por don Ramón Ossandón, relatan la manda del pequeño hijo de don Juan Díaz, a quien lo entregaron en promesa para bailar en el Baile de Santa Lucía, lugarejo donde hoy se levanta la población La Antena, en la periferia de la ciudad de La Serena. El canto deja ver el profundo respeto y devoción por la imagen, a la cual no solo le agradece y reconoce su intermediación en el alivio del niño, sino que lo compromete a este a un servicio que de seguro se prolongó largamente.
Don Juan Gualberto Díaz, residente en La Serena, tuvo un hijo que en los primeros años de su existencia sufrió una grave enfermedad, y estuvo a punto de morir. Para librarlo de la muerte, el padre hizo una promesa a la Virgen de Andacollo, ofreciéndoselo para su servicio, es decir, prometió alistarlo desde chico en alguna de las danzas que van todos los años a solemnizar a la fiesta de la Virgen. En efecto, el niño mejoró.
En cumplimiento de su promesa, al alcanzar los dos años de edad, su padre lo vistió de chino y lo hizo enrolarse en la Danza de Chinos de Santa Lucía. Encargó a Ramón Ossandón, uno de los jefes del mencionado baile, que presentase y ofreciese el niño a la Virgen en diciembre de 1874. El encargado
de presentarlo y ofrecerlo pronunció en este acto los siguientes versos:

"Virgen Reina de Andacollo
emperatriz soberana
eres la luna perfecta
y estrella de la mañana.
Por eso tu gran poder
hoy reconozco rendido
y a ofrecerte un obsequio
con mis chinos he venido.
Este infante que aquí ves
pequeño niño inocente
es deudor de un beneficio
a vuestra bondad clemente.
Bien sabéis casi a la muerte
la enfermedad lo llevó
pero vuestra protección
de la muerte lo libró.
Desde entonces muy contento
es la alegría sincera
de su católico padre
que vuestro poder venera.
Justo es entonces Señora
que en pago del beneficio
lo consagre desde ahora
a vuestro santo servicio.
Recibido, Virgen pura
como una prenda de amor
que gustosos hoy hacemos
reconociendo un favor.
Apenas cuenta dos años
y será desde este día
unomás de vuestros chinos
chinos de Santa Lucía.
Año por año vendrá
en la fiesta a tu presencia
si así lo queréis Señora
prestadle vuestra asistencia."

Hacia 1895, el venerado pichinga don Laureano Barrera, tenía inscrito en su Libro de informes a don Evaristo Chávez como cabeza de un baile de Santa Lucía. A la fecha dicho baile constaba de 42 chinos y llevaba siete años sirviendo en Andacollo. De este baile solo queda el recuerdo, pues es una de las tantas agrupaciones
que últimamente han dejado de existir. Según testimonios de antiguos chinos, esta hermandad siguió activa al menos hasta la década de 1970. La desaparición de este baile y otros tantos no son hechos aislados. Esta pérdida es, más bien, una circunstancia por la que asoma un proceso de crisis que ha afectado a todo el sistema ceremonial, perturbando aspectos propios del sentido que ha animado esta práctica devocional. De este modo, hemos podido observar que así como han desaparecido bailes, también se han olvidado procedimientos y nociones arraigados que han modelado la relación entre los planos humano y numinoso. Una de las situaciones que refleja este cambio es la pérdida del carácter directo y familiar con que los chinos trataban a la Virgen en el pasado. En medio de los cantos y declamaciones de saludos y loas, no faltaban las
reprimendas con que los chinos le reclamaban a la Virgen, ya sea porque, a juicio de los chinos, esta no les cumplía en sus peticiones acordadas por manda, o bien, porque ella los castigaba. A estas interpelaciones se las conoce también como exclamaciones reclamatorias. En ellas sorprende el trato cercano que el devoto tiene con la Virgen. Así consta en un canto que Juan Uribe Echevarría recopila del Baile Chino de Santa Lucía, en la década de 1970, donde el cantor vitupera a la Chinita por la muerte de su padre.

"Te saludo, Virgen Madre
te saludo, Virgen querida,
te saludo con mi gente
mi Baile Santa Lucía.
Te vengaste muy cruelmente,
castigo sin compasión,
te llevaste a mi padre
que hoy está en el panteón.
Por qué, mi amada madre,
por qué, mi Madre querida,
atormentabas a mi padre
cuando estaba en su agonía.
Pero tú no le escuchaste
a mi padre tan querido,
él te bailó treinta años
y lo echaste al olvido.
Dos hermanos hemos quedado
que lo recuerdan tristemente
no lo volveremos a ver
hasta después de la muerte.
En las puertas de tu templo
hoy me encuentro arrepentido,
después que perdí a mi padre
por cuatro años de olvido.
Este es mi último clamor,
Rosario, madre querida,
que perdonís a mi padre
lo que hiciera en esta vida.
Que perdonís a mi padre
las faltas que cometiera,
que no pague en el infierno
lo que hiciera aquí en la tierra.
Adiós, Virgen del Rosario,
adiós, hermoso lucero,
no te olvidís de nosotros,
somos devotos sinceros."

  • Identificador SIGPA: CC2897
  • Fecha de registro: 14-09-2016
  • Tipo: Cultor colectivo
  • Composición: Masculino
  • Comuna: La Serena
  • Region: Coquimbo
  • Inactivo (1970)
Ubicacion
Fotografías