Tejido a telar

Los tejedores a telar, mediante el uso de telares manuales y arcaicos, fabrican prendas de vestir, como ponchos y macuñes, mantas y chamantos, cintos y fajas, o bien otros objetos utilitarios como choapinos, talegas, sacos, sabanillas, cobertores o cubiertas. Para este tipo de elaboraciones se emplea la técnica de entrecruzamiento de hilos de lana, seda u otros materiales. En general, estas creaciones textiles se ciñen a conocimientos y técnicas artesanales ancestrales, de modo que hay una tendencia a repetir y conservar pautas formales de diseño, calidad, funcionalidad y significado simbólico propios del lugar, comunidad o pueblo que las realiza. La mayor parte de las personas que practican esta disciplina lo hacen en forma esporádica y como parte de las actividades domésticas. No obstante, hay personas y comunidades que han desarrollado una economía importante sobre la base de una práctica permanente de los textiles en telar. La artesanía textil de valor patrimonial se basa en el uso de hilos comúnmente confeccionados en la propia comunidad, aunque hay expresiones que utilizan hilos de procedencia industrial.
En Chile encontramos diversas tradiciones de tejedoras en telar que pueden ser consideradas patrimonios culturales, dado que representan valiosos testimonios de la creación y valor estético de los pueblos que las poseen. Una de las tradiciones textiles con mayor presencia en Chile es la mapuche. Desde fines del siglo XVII se tiene noticia que los mapuche sostenían una intensa actividad comercial con pueblos y poblados coloniales, intercambiando o mercando preciadas mercancías como el ganado vacuno los productos textiles, consistentes en mantas y otras telas de lana. La producción textil del pueblo mapuche se ha sostenido en la producción de diversos tipos de mantas, cintos, fajas y talegas. Todas estas prendas y telas son confeccionadas principalmente con hilados de lana, en un particular tipo de telar vertical o parado llamado witral.



Por su parte, la tradición textil mapuche constituye la más importante referencia en la tradición textil mestizo-criolla. Gran parte de los conocimientos técnicos y estéticos de estos textiles tan propios y distintivos del huaso o jinete campesino de la zona central, proviene del macuñ o manta mapuche. En efecto, esta prenda es el antecedente del chamanto de huaso, conservando trazos inconfundibles propios del diseño y la iconografía textil mapuche. El chamanto y la manta aún conservan destacadas artesanas que lo cultivan. Entre las más connotadas están se cuentan las chamanteras de Doñihue. Hasta hace algunos años se tenía noticia de tejedoras en La Lajuela de Santa Cruz, Tricahue de Lolol y Quilaco, en la región del Biobío.
Una importante tradición de textiles la encontramos en la sociedad chilota, donde está presente la influencia de las técnicas textiles huilliche. En realidad la tradición textil chilota es una continuación ininterrumpida de la tradición textil huilliche, ya que casi no hay mixtura de elementos ajenos. En esta tradición predomina el telar de piso o kelgo o kelwo, en el que habitualmente se tejen mantas, frazadas y sabanillas o telas lisas para la confección de vestuario. Antiguamente tuvo gran importancia la faja masculina para labores pesadas o de gran esfuerzo físico. La tradición textil chilota destaca por sobriedad de la cromática de las telas que indefectiblemente, se realizan en hilos de lana ovina hilada en uso o rueca y tinturada con barro de depe, hojas, cortezas, flores y musgos de los bosques nativos que aún persisten en el contexto campesino.

La influencia del tejido chileno es tanto indígena como hispana, por lo que en Chile se teje de maneras distintas -en telares distintos, y con motivos distintos- según la localidad e que uno se encuentre.
(...) Los textiles implicaron un conocimiento e instrumental especializado que aún se aprecia en algunos sectores. De acuerdo a investigaciones realizadas en esta región, se sabe que la actividad textil todavía se desarrolla en aproximadamente cincuenta localidades, donde aún tejen principalmente mantas y frazadas de lana de oveja sin teñir. Para este fin, se sigue usando un telar indígena, que se apoya en los muros y se complementa con el huso, la tortera, y en ocasiones la rueca y la paleta. Se utiliza también otro tipo de telar, vertical y estacado en el suelo, de escasa presencia en la región, o con una tarima de madera, característico de la zona de Doñihue, en el que se teje una prenda de gran riqueza técnica y ornamental, utilizada por el huaso chileno como atavío de gala, especialmente en festividades ecuestres, criollas y religiosas: el chamanto. No obstante que el uso del atuendo de huaso ha ido decreciendo, esta prenda se sigue confeccionando, contribuyendo por lo tanto a mantener vigente esta tradición, constituyéndose en el textil símbolo de Chile (Grüzmacher y Guajardo, 1998). Existe un tercer telar, el de mayor uso, de origen europeo e introducido por los españoles. Es horizontal, con lizos y pedales, corresponde a un concepto más mecanizado de tejido en el que se teje gran cantidad de metros de tela que posteriormente se corta. Se conoce como telar español, rústico o de bayeta. Este telar se utilizó en los obrajes y en la actualidad se fabrican en él principalmente frazadas. (Del Río et al., 2001, p.199)


Referencia bibliográfica:

(2013) Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Inventario de Patrimonio Cultural: Región del Libertador General Bernardo O'Higgins. Obtenido de http://issuu.com/portalpatrimonio/docs/inventario_de_patrimonio_cultural

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