Suplementero

El vendedor de diarios es conocido por diarero, mercuriero y suplementero. Diarero, deriva de diario; mercuriero, del diario El Mercurio, y suplementero, de suplemento.

Entre los voceadores de diarios los hay hombres, mujeres y niños de ambos sexos. Su historia comienza con la guerra de 1879 que impuso un sistema de noticias, de informaciones periodísticas y dio origen al chilenismo suplemento, hoja volante editada por los diarios como necesidad de anticipar una novedad. El suplemento constituyó, en los días de la guerra, la información concisa, agitadora o tranquilizadora. El reparto del suplemento se confió a muchachos ágiles, entusiastas, que corrían por las calles gritando: ¡Suplemento de El Ferrocarril!, ¡La Reforma!, ¡La Libertad!

El primer suplemento de guerra apareció con el Combate Naval de Iquique y correspondía al diario La Patria, de fecha 25 de mayo, o sea, cuatro días después del combate; así andaban de lentas las noticias. Y este día, innegablemente, nace el gremio de suplementeros.

El suplementero se convierte en un personaje de las calles del país. Los ha habido de pomposos nombres o cariñosos apodos y los que daban a conocer a voz en cuello los titulares. Su voz clara o ronca llama la atención a lo largo de todo Chile, donde parece cambiara de matices. Los suplementeros santiaguinos se caracterizan por sus gritos o pregón, que consiste en dilatar las vocales, como el caso de ¡Mercuriooo!... ¡Nacióoon!... Y también le agregan la dilatada letra o a diarios que no terminan en esa vocal. El Imparcial se convierte en ¡Parcialooo!... Y aun se le agrega como un aparte que prolonga el grito: ¡Las Ultimas ooo!...

El suplementero siempre anda de carrera y se detiene apenas para entregar el diario al cliente, recibir el pago y dar el vuelto. Sube a los vehículos de transporte colectivo en los paraderos y rara vez continúa hasta el otro paradero, sino que se baja sobre la marcha.

Este esforzado gremio ha ofrecido grandes campeones pedestres; hombres que han figurado como fondistas y prestigiado al país no sólo en el deporte nacional, sino en las olimpíadas internacionales.

Antes de 1879 todos los diarios se repartían a domicilio. No existía el vendedor ambulante, el que sale al paso del transeúnte, y cuando se vendían al público era en las boticas, en los cafés, en las tiendas y en las librerías.

Como todo evoluciona, hoy las suscripciones son repartidas en bicicletas y la distribución a las agencias se hace en camionetas. Hay actualmente los suplementeros y suplementaras atienden en quioscos y estafetas.

Fuente: Suplementeros del Sur

Registros (4)