Parto

Antiguamente, sobre todo en sectores rurales cuando la población campesina aún tenía grandes impedimentos para acceder a los servicios de salud pública y los beneficios de las ciencias médicas, era usual que las mujeres embarazadas dieran a luz en sus propias casas. Entonces las parturientas dependían casi exclusivamente de las parteras. Las parteras eran mujeres de una comunidad o localidad que manejaban conocimientos de medicina tradicional, aprendidos y heredados de otras mujeres mayores conocedoras antiguas del oficio. La práctica de estos conocimientos incluía el acompañamiento o supervisión esporádica del embarazo y principalmente, la asistencia durante el trabajo de parto. La práctica de las parteras incluye conocimientos sobre procesos naturales, el uso de hierbas medicinales y distintas técnicas manuales de carácter ancestral, que facilitan la llegada de la criatura de recién nacida.

Para asistir a una mujer en el proceso del parto, la partera debía en muchos casos realizar largos recorridos sin horario definido y bajo cualquier circunstancia, cumpliendo así con una vocación de servicio que estaba determinado por un don. Por lo mismo, el oficio de partera en muchos casos era asumido como un deber ético irrenunciable para las mujeres que tenían este don. No obstante, en menor medida, este oficio también fue realizado por hombres.

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