Fiesta de San Miguel

Traído San Miguel a América por los españoles, su culto se entronizó fuertemente en el pueblo aborigen y mestizo. México, Guatemala, Perú, Chile y Argentina dan testimonio de una fuerte presencia de San Miguel como santo patrono de ciudades, pueblos, iglesias y parroquias. (J. Mancilla, 2009). En Chile, la costumbre de las luminarias en Calbuco, es heredada de los españoles desde los tiempos de la colonia. Son variadas las interpretaciones que se le han dado a esta tradición. Algunos aseveran que éstas serían expresiones de los pueblos árabes que invadieron España entre los años 711-1492. Sin embargo, la génesis de ellas puede encontrarse tanto en las costumbres primitivas anteriores al cristianismo, como en testimonios históricos más recientes de la Edad Media, particularmente, en la costumbre de encender hogueras que tienen en el norte de Europa durante la víspera de Cuaresma, San Juan, Todos los Santos, Navidad, Reyes Magos y otros. La tradición oral señala que los indígenas calbucanos creían que los españoles eran ayudados por el poder divino de San Miguel. Fue tanta la curiosidad y deseo que sintieron los naturales que decidieron intentar el robo del Santo Patrono. Los españoles precavidos de ese acto, encendieron fogatas para alumbrarse y evitar un ataque sorpresivo, instaurando de esta manera una nueva costumbre que fue seguida por los aborígenes. Otra interpretación, sobre la celebración del día de San Miguel es que cada 29 de septiembre al amanecer se hacía una misa en la iglesia de la ciudad como manera de reconocer el poder que para los nativos tenía San Miguel. Los indígenas llegaban por la tarde con sus botes cargados de “coligüe” seco, solían esperar en la playa la hora de la misa y encendían fogatas para protegerse del frío. Con el tiempo esto se hizo costumbre y los isleños que no podían venir encendían fogatas en los cerros más altos para evidenciar su devoción al Santo. También circula una versión poco conocida que indica que la festividad tendría su origen en el conflicto entre españoles e indígenas que realizaban el “tableo”. Estos últimos debido a los malos tratos recibido habrían decidido quemar en vísperas del 29 de septiembre, todos los lugares donde se acopiaban tablas de alerce. Entonces, como forma de recordar el hecho se encendían fogatas todos los años, sin embargo los datos históricos no permiten corroboran esta explicación.

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