Fiesta de la Candelaria

En el norte de Chile, la Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria es una fiesta popular celebrada anualmente entre el 7 y el 8 de enero en homenaje a la patrona de los mineros. La festividad se remonta a 1778, en que el arriero Mariano Caro Inca encontró la imagen en la cordillera, cerca del salar de Maricunga. El milagroso hallazgo atrajo los peregrinos, lo que motivó al párroco a construir un santuario en 1800, que fue reconstruido tras un incendio en 1922. Con el tiempo, la fiesta se ha constituido en un referente indiscutido de la religiosidad popular de la región de Atacama, y se han organizado cofradías de bailes chinos que, al igual que en Andacollo, agrupan a pequeños mineros de la zona que se preparan todo el año para festejar a su patrona.

El origen del culto de la Candelaria de Copiapó data de 1780. La tradición oral sostiene que el hallazgo de la imagen lo habría hecho un arriero, don Mariano Caro Inca, quien al refugiarse de la lluvia bajo unos peñascos a la orilla del salar de Maricunga, habría encontrado la imagen de la Virgen tallada en una piedra. Don Mariano habría llevado a la imagen a su casa en el pueblo de San Fernando poniéndole el nombre de Candelaria, y desde entonces la devoción se habría extendido por toda la zona. Un par de décadas después, por iniciativa de la Iglesia, se levantó primero una capilla y luego el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria, ubicado en Villa Manuel Antonio Matta, en lo que antes era el pueblo de San Fernando, distante 2 kilómetros de la plaza de Copiapó y que ahora es parte de la ciudad.

En el sur de Chile, la Fiesta de la Candelaria se replica en diversas zonas de la Región de Los Lagos, sobre todo en las poblaciones vinculadas al área cultural de Chiloé y Provincia de Osorno. La devoción a la Virgen de la Candelaria fue introducida en Chile al inicio de la Conquista y es la primera fiesta mariana en la diócesis de Osorno ya que fue traída en los albores de la repoblación de esta ciudad. La conmemoración de esta manifestación encuentra sus raíces en la religiosidad que trajeron los españoles, que luego fue ampliamente difundida en la población mestiza y williche de la región. Su punto de irradiación es el Santuario de Misión Rahue, el que congrega mayor cantidad de devotos y desde donde se extendió a otras comunidades de la zona.

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