Elaboración de ladrillos

Aunque es funcional a la construcción de edificaciones, la elaboración artesanal de ladrillos es una especialidad de la alfarería y constituye un conocimiento específico que generalmente se adquiere por transmisión de oficio, en un característico proceso de tradición oral. Los ladrilleros generalmente pertenecen a familias que por generaciones han desempeñado esta labor, nutriéndose de la experiencia y el conocimiento de sus antepasados. En muchos casos se trata una actividad económica que involucra a parte importante de los miembros del grupo familia, especialmente hombres.
Los ladrillos se elaboran con una masa de barro, que se obtiene de la mezcla de tierra arcillosa con agua. Esta mezcla se prepara en una piscina de poca profundidad, donde se vierte la tierra y el agua para ser pisada por caballos, hasta alcanzar la textura y densidad que se requiere. Luego esta masa se vierte en moldes de madera con la forma ortoédrica característica de los ladrillos. Las dimensiones aproximadas de los moldes son: 28 cm a 30 cm de largo; 14 cm a 15 cm de ancho; 5 cm de alto. Una vez cortados, los ladrillos se ponen a secar al aire libre por unos cuantos días, dependiendo de la temporada del año y el calor reinante en el ambiente. El secado se hace bajo cobertizos para evitar contracciones severas causadas por la deshidratación del bloque. Una vez secos, los ladrillos se encastillan formando un horno, por el cual se da cocción a todas las piezas. Las aberturas que quedan entre los ladrillos dispuestos al exterior del castillo u horno, se sellan con barro común, a fin de no perder el calor que viene del interior del horno. El horno se enciende con leña dura que garantice una combustión potente y se mantiene ardiendo durante varios días. Terminada la cocción el horno se apaga y los ladrillos se dejan enfría por algunos días.

Registros (5)