Diabladas

Actualmente la Diablada es uno de los bailes más característicos de las grandes fiestas religiosas que se celebran en el Norte de Chile. El origen de esta danza es colonial, remite a los autosacramentales que se representaban en la antigua España, donde se batían el bien y el mal personificados en el Arcángel Gabriel y el Diablo. Aparentemente su lugar de propagación fue la provincia de Oruro, desde donde se difundió por todo el continente adquiriendo particularidades según cada región. En nuestro país, por ejemplo, el bien es representado por una pequeña niña que baila con una varita. El Diablo, en tanto, es representado por los varones, que utilizan vistosas máscaras ornamentadas con cachos y grandes ojos. También las Chinas Supay, esposas de los diablos, simbolizan el mal, la tentación, por lo que sus movimientos son gráciles y sus trajes lujosos con faldas cortas. En algunas Diabladas existen unos personajes llamados "Figurines", los que en la tradición orioginal tenían la labor de abrir paso a los bailarines en las representaciones callejeras. En las grandes Diabladas que asisten a la Tirana estos figurines han adoptado las formas de la mitología andina: cóndor, quirquincho, oso, zorro, etc. Las Diabladas se hacen acompañar por grandes bandas de bronce y percusión, las cuales llegan a contar con más de sesenta músicos.

Lo más característico de la Diablada son las máscaras que utilizan los bailarines. Antiguamente estas eran hechas de yeso, con cachos de carnero y sin mayor ornamentación. En la actualidad, de hecho, todavía existen figurines de Diablo que utilizan la máscara tradicional. Pero en las grandes Diabladas se ha impuesto el uso de máscaras fabulosas confeccionadas con láminas de metal delgadas, material mucho más liviano que permite agrandar el tamaño de las máscaras e insertarle todo tipo de ornamentaciones como cuernos con lagartos o arañas adosados, grandes ojos en relieve, largos penachos o cabelleras en las espaldas y luces que prenden durante los bailes nocturnos. 

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