Arreo de ganado

“Los arrieros son los hombres de la huellas, encargados de llevar piños o arreos de animales de una estancia a otra, de una comuna a otra o incluso de un país a otro. Están hechos a las vicisitudes y a las asperezas del camino. Mas al Norte de Chile, los arrieros cordilleranos forman una casta aguerrida mezcla de indio y campesino poco conocida y divorciada de la idiosincrasia glamorosa del huaso de salón que con sus pilchas finas resulta tan distante. Enfrentando la mole andina con sus mulas y sus piños de chivos o vacunos, aprovechan los valles de veranada” (Esquiltuna, s/a).

Antiguamente los arrieros eran un muy buen medio de transporte de bienes y especies, sobretodo en caminos montañosos de dificil acceso. Actualmente, para este mismo propósito, casi todos los lugares son accesibles mediante vehículos terrestres o incluso aéreos, sin embargo aún quedan espacios recónditos donde la labor del arriero se hace necesaria. Por otra parte, quienes han sido tradicionalmente de once, arriero, aunque no lo necesiten en la actualidad, todavía lo practican ya sea por mantener sus tradiciones, o por diversión, por el gusto de practicar sus conocimientos tradicionales y experimentar la naturaleza.

También para trasladar a los animales a pastos mejores durante el verano.

Dentro del grupo mayor del huaso, tanto Echaiz como Cardemil detectan al arriero, sujeto encargado del transporte y el comercio entre las distintas ciudades del Valle Central y a ambos lados de la cordillera, es decir, entre Chile Cisandino y Chile Transandino. Su vestimenta es distinta, pues emplea «poncho y botas arrieras», y una serie de aperos y abrigos especiales que le permitían hacer frente al frío, la nieve y las piedras heladas de la montaña. De todos modos, la atención central de estos autores se ha orientado fundamentalmente al huaso en cuanto «un tipo humano integrado a la sociedad rural organizada en haciendas” (Lacoste, 2008: 39-40).


En el reino de Chile al igual que las demás colonias hispanoamericanas, crecían y se desarrollaban polos económicos asentados en ciudades, junto con haciendas y estancias diseminadas en los campos y pampas. Tres centros eran neurálgicos para este reino en dicha época: la provincia de Cuyo en el oriente de la cordillera de los Andes; Santiago (la capital del reino), ubicada a la altura de Mendoza en el lado occidental de los Andes y finalmente Concepción (capital militar desde donde se combatía a los pueblos indígenas) situada a 500 km al sur de Santiago en la ribera norte del río Bio-Bio. Estos polos fueron las ciudades donde descansaban las instituciones del imperio Las guarniciones militares, los súbditos que poblaban el nuevo mundo. De esa manera surgían villas, mercados, talleres, comercios, tiendas, pulperías, bodegas. iglesias, en definitiva las ciudades. Grandes ciudades unidas entre sí por pequeñas villas y pueblos establecidos a cortas distancias. Sin embargo, unir estas ciudades y mantener conectado el reino y sus habitantes, constituyó uno de los desafíos de mayor envergadura en la historia americana y mundial. La extensión de América con sus montañas, selvas y pampas era una proeza que en la historia humana solo se había visto en las rutas del lejano oriente. (...) Los actores que desarrollaron el transporte terrestre americano fueron los "troperos" y "arrieros". Los primeros desarrollaban el transporte en carretas. Los segundos lo hacían en mulas. Naturalmente el espacio propicio para los troperos fueron las grandes pampas abiertas y en el caso de los arrieros fueron los lugares por donde las carretas no podían circular debido a la dificultad geográfica. Las dos rutas importantes del interior del reino de Chile que describimos anteriormente (Los Andes y Chile Cisandino o Central), necesitaron del 'arriero' para enfrentar el desafío del transporte. En la ciudad de Mendoza en el siglo XVIII existía una capacidad de 10.000 cargas de mulas capaces de desplazar 1.500 toneladas hacia y desde Santiago o el Alto Perú. Anteriores trabajos han identificado a estos actores del transporte -los arrieros- detectando la importancia que tuvieron en el desarrollo de las economías regionales, pues posibilitaron el comercio y el surgimiento de fortunas que asentaron protoburguesías locales (...). (Barra, 2006)



Referencia bibliográfica:

(2013) Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Inventario de Patrimonio Cultural: Región del Libertador General Bernardo O'Higgins. Obtenido de http://issuu.com/portalpatrimonio/docs/inventario_de_patrimonio_cultural

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